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Rosados, ¿cada vez más pálidos?

De color melocotón o cereza oscuro, un millar de vinos rosados del mundo entero han descubierto durante tres días en Cannes sus vestidos y sus sabores a los enólogos: el único concurso internacional totalmente dedicado a estos vinos revela una demanda mundial en fuerte crecimiento. “Hace 15 años, el rosado era apenas ese vino de vacaciones que se descorcha en la playa”, resume Cyril Payon, presidente de la Unión de Enólogos de Francia. Más tarde, el rosado se convirtió un verdadero fenómeno de moda a partir de 2005, se internacionalizó y ganó en calidad.

La parte de los rosados en el consumo mundial de vino alcanza hoy el 9,5%. Y su producción (25,3 millones de hectolitros al año concentrados en un 75% en Francia, Italia, Estados Unidos y España) ha dado un salto del 13% en ocho años.

En Cannes, un jurado internacional de una cincuentena de expertos ha catado, analizado y calificado a ciegas un total de 994 rosados de 28 países. Tres días de trabajo con mucha concentración, del viernes a domingo, alrededor de botellas enmascaradas en fundas negras.

En una de las mesas, el enólogo champañés Jean-François Perrot-Minnot rodeado de un español, un suizo, un alemán y un marroquí, reconoce que la tarea es ardua. Y es que lo que llama en estos rosados internacionales es su extremada diversidad de colores, de grado alcohólico o de azúcar.

“Gusta mucho la coherencia en el vino”, explica Perrot-Minnot.”Si el vino es poderoso, nos esperaremos más un color marcado, que vaya hacia el rojo. Si las notas son más florales, encontraremos más lógico un tinte más claro”.

Los rosados más pálidos vienen de Alemania, de Córcega o de Provenza. Los vinos griegos, libaneses, españoles o portugueses van claramente hacia el rojo.

En una misma sesión de degustación, las dosificaciones en azúcar pueden variar de 6 gramos por litro a 90 gramos. Y si ciertos rosados son muy débilmente alcoholizados, la media se establece en 12,8 grados.

Formar parte de un jurado internacional de rosados constituye “un ejercicio de diplomacia”, reconoce Gilles Masson, director del Centro del Rosado, el único centro de investigación dedicado a este vino, basado en la Costa Azul.

“Cuando un español prueba un rosado suizo, más bien ácido, pone mala cara porque tiene la costumbre de un rosado español más rico y más alcohólico. ¡Pero acaban por respetarse en el momento de la discusión final!”, se divierte.

Para él, el rosado “ofrece un espacio de libertad que permite poner a prueba cosas nuevas”, pero “es muy difícil hacer un vino elegante con explosividad de los aromas”.

“La calidad de las materias primas debe ser ejemplar”, confirma. Perrot-Minnot, sin contar con que no se trata de un vino de guarda.

En este paisaje ecléctico, la tendencia mundial se orienta no obstante hacia los rosados muy pálidos y casi translúcidos, preferentemente con reflejos de violeta o melocotón.

Esta característica les da “una frescura, fácilmente consumible” con una ensalada o una carne asada a la parrilla, subraya Payon. Porque el rosado, consumido todo el año, sigue estando asociado con los meses de verano, de junio a agosto. Y posiblemente también a un cierto arte de vivir del sur de Francia.

Francia sigue siendo el primer productor mundial de rosados (el 28% del total), pero también el primer consumidor (el 35%, seguido por Estados Unidos).

Provenza, por sí sola, que acoge en verano a los turistas del mundo entero, representa el 40% de la producción francesa de rosados con denominación de origen, seguida del Loira, del Ródano, de Burdeos y del Languedoc-Rosellón.
(De las 13 medallas de oro otorgadas en 2012, nueve han sido para Francia, una para Alemania, otra para Rumania, y dos a sendos rosados españoles, ambos de Cigales: Carratraviesa 2011 y Carredueñas 2011).

 

Fuente: France24 – NiceMatin

 

 

 


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