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Entrevista a Hans Vinding-Diers

Es el propietario de una de las bodegas más prometedoras de la Patagonia. La vitivinicultura en el sur del país.

El proyecto Bodega Noemía de Patagonia nació con el descubrimiento de un antiguo viñedo, plantado con uvas Malbec en los años 30 en el Valle del Río Negro.

Socios en este proyecto vitivinícola y en la vida, Hans Vinding-Diers y la Condesa Noemi Marone Cinzano, percibieron la idoneidad del lugar y el perfecto microclima del valle para la producción de vinos de alta calidad.

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-¿Cómo llegaron a Argentina y principalmente a Río Negro?

En 1998 estaba trabajando como consultor de una compañía inglesa. Ese año, me mandaron a Argentina para investigar sobre los viñedos y buscar un socio estratégico. Fue así que me contacté con Humberto Canale, con quien armamos un convenio para comenzar a producir vinos. Desde ese momento me enamoré de esta región.

Soy una persona que busca permanentemente desafíos, lugares distantes, que no sean top, para producir y sacar lo mejor de cada uno de ellos. Desde ese momento, Río Negro me sorprendió por la edad de los viñedos (algunos de 100 años), el clima y el suelo. Y fue así que con mi mujer Noemi Marone Cinzano decidimos invertir.

En un comienzo, no fue tan fácil porque los viñedos que queríamos comprar estaban muy abandonados, en ese tiempo la región estaba focalizada en la producción de peras y manzanas. Sin embargo, encontré un viñedo que había sido plantado en 1932 y me enamoré. En ese momento podía ver el futuro y el éxito; así nació Noemía.
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-¿Cuáles son las características de los viñedos?

La primera parcela que compramos representaba solamente 1,5 hectáreas, con un rendimiento de 25 hectólitros por hectárea. Esto es lo que más me gusta, ya que al tener bajo rendimiento, se logran vinos con gran concentración. En 2004 compramos otro viñedo de 30 hectáreas y un viñedo de 4 hectáreas llamado J. Alberto. Las uvas de esta finca fueron plantadas en 1955. Hoy producimos alrededor de 10.000 botellas.

A medida que pasó el tiempo fuimos creciendo, pero nunca nos fuimos de nuestro foco que era utilizar plantas antiguas, cosechar manualmente y realizar un cuidado intensivo de viticultura. Nuestros trabajos son todos artesanales y biodinámicos. Para nosotros, el trabajo y esfuerzo en viñedos se ve reflejado en la calidad de los vinos y nuestra filosofía es hacer foco en la excelencia y cuidado de la planta.

Ésta es una tierra de ensueño, es un paraíso natural para el cultivo de viñas. La Patagonia presenta un clima árido, con sólo 180 mm de lluvia al año y una humedad máxima de 30%, que hacen que la zona quede libre de enfermedades. Tal genuinidad merece el respeto hacia la naturaleza y consecuentemente, una actitud artesanal.

En la época de la maduración se observa una vasta amplitud termal con una media diurna de 28 ºC y 9 ºC nocturnos. Las cuatro estaciones están bien delimitadas. A una primavera suave sigue un verano de altas temperaturas y el otoño templado da lugar a un invierno frío y seco.

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-¿Cómo es la producción de estos vinos?

La producción del vino comienza en el viñedo. Por eso las uvas son cosechadas a mano. Entre 10 a 15 señoras que viven en el pueblo trabajan para nosotros en época de vendimia. Una vez levantados los racimos, sacan grano por grano para que luego entre a la pileta sólo la uva de buena calidad, y aquellos granos que estén verdes o sobremaduros no ingresan. Esta selección, que es la más rigurosa, es para el vino Top de la bodega que es “Noemía”.

Todos los vinos son tratados de forma artesanal. La fermentación de Noemía inicia por efecto de las levaduras naturales, sin añadir azufre ni otro tipo de aditivos. Se efectúan dos pigeages al día. La fermentación dura tres semanas a una temperatura media de 26 ºC. Los mostos y vinos no son bombeados, pues en la bodega no existen bombas. Cuando la fermentación alcohólica llega a su fin, el vino es decantado por gravedad en barricas francesas nuevas del grano más fino y compacto posible. De este modo se minimiza la micro oxigenación y una extracción excesiva de la madera. El fraccionamiento es efectuado por gravedad y sin ningún tipo de filtración. Nuestros vinos nunca vieron una máquina.

Nuestro trabajo para todas las líneas conlleva un mínimo de mantención en bodega y máximo de atención en viñedo. Los métodos que utilizamos son los más antiguos y artesanales. Nos caracterizamos por hacer vinos del Nuevo Mundo con una elaboración del Viejo Mundo.

-¿Cuáles son las características de los productos de Noemìa?

El efecto X diríamos que son vinos originales, son la máxima expresión de los viñedos mismos, no es un vino de enólogo sino un vino de terruño, con mucha pureza, carácter, poderosos y con alta complejidad y concentración. Además, las uvas de estos vinos han estado muy expuestas al sol y la gran amplitud térmica les brinda una fresca acidez.

Afortunadamente, desde el principio estos vinos fueron reconocidos mundialmente por los gurúes del vino, pero nunca los hicimos por los puntajes, sino porque nos enamoramos de la zona y queríamos mostrar las cualidades de esta tierra en nuestros vinos. Todos sabemos que a Parker le gusta un estilo de vinos, pero no hacemos ese estilo, hacemos un vino íntegro y sincero.

Más allá de esto, los reconocimientos nos han generado ventas y nos han ayudado a salir de la sombra, dándonos exposición, ya que en un comienzo eran vinos que llegaban al mundo de la Patagonia, una región desconocida para todos. Hoy, los clientes que tenemos compran prácticamente a ciegas porque saben que hay una consistencia y esto es más importante que los puntajes.

– ¿Cómo fue el creciendo Bodega Noemìa?

En 2001 compramos un viñedo de 1932, 100% Malbec y alquilamos un galpón. Con muy pocos medios lanzamos Bodega Noemìa 2001, que recibió grandes críticas. Robert Parker lo puntúo con 94 y Decanter le colocó cinco estrellas. Hasta el día de hoy, las uvas de la línea top que es Noemìa, provienen de este viñedo. Hasta 2003, los llamábamos “vinos de galpón”, ya que se producían justamente en un galpón y representaba muy pocas cantidades, entre 1500 y 2000 botellas.

El segundo vino es J. Alberto, y proviene de un viñedo de 1955. Las uvas son 95% Malbec y Merlot 5%.

El tercer vino es Alisa y las uvas provienen un tercio de un viñedo propio plantado en 2004 en Valle Azul, en el desierto, que es cultivado con técnicas de agronomía orgánica y biodinámica (ambos certificados por Argencert y Demeter, respectivamente) y riego por goteo. Las otras dos terceras partes surgen de INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) y un productor al cual arrendamos. Las uvas son 90% Malbec, 9% Merlot y 1% Petit Verdot.

Actualmente, producimos 80 mil botellas y destinamos un 15% al mercado interno y el resto a 17 países, teniendo como principal exportador a Estados Unidos. Estos productos tiene un precio retail de US$ 23 Alisa, J. Alberto US$ 45 y Noemìa US$ 105.

Fuente: Los Andes


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