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Integración y más valor agregado, las nuevas metas pendientes

Preocupa la cantidad de blanco escurrido que se produce y el incumplimiento del acuerdo con San Juan por el mosto.

Del intenso trajín político y de las primeras definiciones de quienes conducirán la economía provincial, quedaron boyando líneas estratégicas planteadas, para la producción en general y para la vitivinicultura en particular.

Que “habrá apertura, pero la que va a gobernar en Mendoza es la política y no la presión de las corporaciones”, que “Educación e industrialización de la producción primaria serán los pilares” y que “el esfuerzo principal en la vitivinicultura estará enfocado en la integración de los pequeños productores a la cadena industrial  y comercial y su capacitación tecnológica, para que dejen de vivir del subsidio estatal y puedan participar en los beneficios comerciales de su producción” (el viernes se supo de la decisión de crear una Subsecretaría de Cooperativas y de potenciar financieramente el Fondo para la Transformación). Francisco “Paco” Pérez en su visita a Los Andes primero y José Luis Álvarez, ministro de Agroindustria y Tecnología después, sintetizaron estas previsiones.

Y nada parece casual: el sector empresarial procura organizar y potenciar su protagonismo para jugar su rol ante el poder político; el sector primario agrícola sin industrialización ha perdido espacio en el PBG provincial y en cambio lo ganan las MOA -manufacturas de origen agrícola- y  Comercio-Turismo; por último, los productores primarios no integrados, de menos de 15 hectáreas son el 80% de los protagonistas de la producción agrícola provincial (la mayoría de ellos, incluso, sin ser siquiera sujetos de crédito y aferrados al subsidio del presupuesto público).

Antes de la cosecha

Días antes de los faustos de la asunción, los productores vitivinícolas habían puesto sobre la mesa (dos en realidad, una en el subsuelo de la Bolsa de Comercio y otra en el Este, en Junín, horas después de la tormenta devastadora), los problemas más acuciantes de la coyuntura: los precios del mercado desinflados -el escurrido anda con suerte en 90 centavos, los tintos alrededor de 2 pesos y el mosto sulfitado en $ 1,15 y $ 1,20 los de mejor calidad y valor azucarero- las perspectivas que eso plantea para la próxima cosecha, los aprietes del aumento de los costos internos movidos por la inflación, el amague de los subsidios y su incidencia en las futuras tarifas, el dólar “administrado” chato respecto a los competidores del mercado vitivinícola mundial, el repunte de las exportaciones a granel y la caída del principal rubro del envasado con marcas y varietales (el de 18 a 25 dólares la caja).

Hubo un primer pedido: el adelanto del primer pronóstico de cosecha -habitualmente el INV lo calcula para la última semana de diciembre- para “medir” en una primera instancia cómo viene la carga de las cepas y qué papel está jugando el clima impiadoso. “No habrá adelanto”, coincidieron en el INV y en los bunkers de la nueva conducción política (“Habrá uno estimativo a fin de año que se ajustará con la cosecha en ciernes”).

Los viñateros e industriales reunidos en la Bolsa -dada la anemia del mercado regional de los vinos básicos y del buen presente de  las exportaciones a granel- insisten en “reforzar” los apoyos financieros para la retención de stock en el caso de los vinos (no es buen momento para salir al mercado urgidos por los gastos culturales) y los apoyos a los exportadores (prefinanciación e incentivos extras por litro exportado, que van de 18 a 26 centavos).

Los bodegueros y las cámaras que los agrupan creen que “ha sido escaso el resultado de las medidas y operativos últimos” y vuelven a la carga con la interacción para negociar con el gobierno nacional la eliminación del otro 2,5 % de retención a las exportaciones (del 5 % impuesto, la Rosada devuelve con cuenta gotas el 2,5 %) y que se acorte el tiempo que el Estado nacional se toma para el reintegro del IVA a los exportadores (dicen que ronda los 8 meses). Entre los  abrazos y los discursos del viernes, Pérez y Álvarez plantearon “potenciar al Fondo para la Transformación, para que pueda adelantar ese reintegro y luego cobrárselo a la Nación”.

Promesas incumplidas

Pérez no anduvo con vueltas cuando se le preguntó por la integración de la política vitivinícola regional. El asunto era el acuerdo con San Juan por el mosto y los roces con el gobierno del hiperquinético Gioja. “¿Por qué no tenemos mosto suficiente para vender las 250.000 toneladas que nos pide el mercado mundial y a buen precio? Hemos producido sólo unas 150.000 toneladas pese a que sugerimos que no hicieran blanco escurrido e hicieran más del 30 % de mosto con sus cosechas.

Y los que en realidad no cumplimos fuimos los mendocinos: apenas si superamos el 20%. ¿Y yo tengo ahora que afrontar ese incumplimiento, destinando plata para sostener el vino de los que no hicieron el mosto y se empecinaron en hacer un vino que hoy no tiene precio ni demanda? dijo el gobernador Pérez, en Los Andes.

El jueves, el INV puso en la mesa los datos de existencias y animó la discusión. Del total de los  complicados vinos  blancos escurridos (195.321.995),  Mendoza  guarda el  79,3% y San Juan el 20,7%. La Zona Este, calcula que el INV,  posee casi el 80 % de los escurridos que hay en la provincia y por los que se pide asistencia estatal. Se descuenta la revisión del acuerdo del mosto con San Juan -“si no hay sorpresas de cosecha debiera ser el 30 % o más”-  para chequear el tema del régimen de compensaciones que esgrime Mendoza (suena bajarlo de 1 x 1,5 a 1 x 1), el cumplimiento real de lo que se acuerda, revisar el Mercado de Cupos (“Mercado negro”, según Pérez), qué se cobra de multa y en qué se usa el dinero.

“Hoy queremos potenciar el mosto como alternativa diversificadora y verdaderamente industrial, en lugar de tener que poner recursos para salvar a los que insisten en hacer vino sin mercado, que nosotros tenemos que salir a sostener”.

Se oyó con insistencia “utilizar los recursos del Fondo o los que se consigan para integrar a ese 80% de productores que no están asociados, capacitados ni dotados tecnológicamente, para sumarlos a la cadena industrial y comercial y para potenciar las posibilidades de los exportadores, con prefinanciación e incentivos”. No se oyeron las históricas angustias por los stocks (andaría por los 7 meses de despacho, una especie de “stock técnico”).

“La concentración del mercado, se enfrenta con integración y cadenas industriales-comerciales que vamos a propiciar”, se dijo y se hizo extensivo al durazno y la ciruela. Se oyó el viernes sobre “integración cooperativa o no, capacitación y dotación tecnológica” y hasta oímos la propuesta de “propiciar cooperativas y bodegas para contratistas”.

Fuente: Los Andes


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