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Bodega auto-sustentable: un proyecto hecho realidad

Un investigador expuso un caso de California. Cómo lograr eficiencia en base a hidrógeno, energía solar y mejor uso de agua.

Una bodega “limpia” en cuanto a emisiones de CO2, que reutilice el producido de la fermentación, reemplace los métodos tradicionales de elaboración por una combinación de agua, hidrógeno y paneles solares, parte de una construcción que se apoye en la gravedad y minimice los movimientos de vino. Un conjunto de procesos comandados desde un tablero central gracias a un software específico.


No, no es un cuento de Julio Verne aplicado a la vinificación ni la utopía de un enólogo ante la cercanía del Apocalipsis. Es una experiencia real que hace un tiempo puso en marcha un equipo de investigadores en California y fue motivo de una de las disertaciones del Simposio.

Roger Boulton, jefe del departamento de Viticultura y Enología del Robert Mondavi Institute que depende de la Universidad de California, es el líder del equipo a cargo del diseño y construcción de la bodega modelo, e incluso asesoró a un proyecto similar que ya está en marcha en Nueva Zelanda. Defensor a ultranza de la sustentabilidad, asegura de entrada que no hay que ver a este tipo de emprendimiento con ojos de inversor que busca retorno inmediato, sino como una apuesta a futuro, con la meta de que hijos y nietos puedan conducirla en un mundo reconciliado con el medio ambiente.

“Es como ver una copa llena o medianamente llena, y compararla con una vacía. En realidad no lo está, sino que está repleta de potencial”, reflexiona sobre el presente de la iniciativa que apuesta la unidad productiva del futuro, amigable con el medio ambiente.

Negocio vs sustentabilidad

Por ahora, la bodega auto-sustentable de California promueve una producción a escala mediana: tiene capacidad para procesar unos 500 kilos de uva, y elabora hasta 600 vinos a partir de media docena de tanques de 150 litros.

Lo cierto es que, si de costos se trata, Boulton reconoce que replicar una inversión de esas características es hasta un 20% más oneroso que el tipo constructivo clásico. Pero lo vale.

“El edificio de la bodega, así como los sistemas de agua y energía son puntos centrales para el potencial de sostenibilidad. De hecho, el reciclado de agua, la captura del carbono y la eficiencia energética va a estar determinado por el equipamiento y su ubicación en la bodega. La justificación de este enfoque depende más del análisis del ciclo de la vid más que del retorno de la inversión o un criterio de repago”, expuso el académico norteamericano, quien admite chances de encarar una experiencia idéntica en Argentina.

La importancia creciente del cuidado ecológico desde la vitivinicultura tuvo un espacio destacado en el SAVE.

Por caso, Analía Díaz Bruno, del INTA, referenció el desarrollo de protocolos sobre huella de carbono, para productos y empresas, una exigencia cada vez más instalada entre los exportadores para acceder a los mercados internacionales. Y recordó que las 2 normativas vigentes son la ISO 14.067, y la inglesa PAS 2050

Fuente: Los Andes


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