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Por qué Borgoña?

Borgoña es la región vitivinícola más prestigiosa del mundo, la que cotiza más alto sus vinos –al menos, si descartamos el fenómeno reciente de la explosión de los precios de los ‘premiers crus’ de Burdeos, provocada por su éxito en China- y la que posee el más antiguo historial en la elaboración de vinos de calidad: cerca de un milenio. En España ese prestigio no se traduce en un gran consumo debido a sus precios y, en el caso de sus vinos tintos, a un estilo que no nos es familiar.

Lo que hemos hecho con las dos catas que va a publicar elmundovino es acercarnos a los borgoñas que se importan a nuestro mercado, colocar un tope de 25 euros de PVP para no salirnos de los precios que un consumidor de aquí suele pagar por una botella de buen vino, y demostrar que, aunque en esos niveles estaremos casi siempre hablando de vinos ‘básicos’, la finura y la diferenciación de terruños propias de Borgoña estarán presentes y nos darán matices variadísimos y llenos de encanto.

Borgoña, larga región (250 kilómetros) al este de Francia, desde Chablis al norte –cerca de Champaña– hasta Mâcon al sur, lindando ya con el Beaujolais y no muy lejos de las viñas de syrah del Ródano norte, posee los terruños mejor clasificados por tipología y calidad del mundo. Desarrollada en época romana, la viticultura fue propagada desde el siglo VII por los monjes de las abadías de Cîteaux y Cluny, que iniciaron la identificación de lo que hoy llamamos ‘grands crus’ y ‘premiers crus’: ya en el siglo XIV, no sólo se cultivaban las 60 hectáreas del Clos-de-Vougeot, sino que se habían deslindado ¡tres ‘climats’ de calidades diferentes! dentro de él. Fue entonces cuando el gran duque Felipe el Temerario prohibió la casta gamay, que no da vinos finos sobre las calizas de la Côte d’Or (pero sí sobre los suelos ácidos del Beaujolais), imponiendo la pinot noir.

Fue a partir de la Revolución, con la fcundación del Domaine de la Romanée Conti, cuando los viticultores y comerciantes definitivamente empezaron a criar por separado los vinos de cada pequeño pago, y cuando los vvinos de un pago prestigioso empezaron a venderse por diez o veinte veces más que los de una viña contigua. Con el ‘boom’ del embotellado directo por los pequeños productores en la segunda mitad del siglo XX se multiplicaron las marcas, algunas de las cuales trabajan sobre extensiones de viña propia minúculas, como esas 3 hectáreas de Denis Bachelet, uno de cuyos vinos hemos catado.

En España se comprende, admira y compra más a menudo el borgoña blanco, casi todo él expresión de la uva chardonnay (hay pequeñas producciones de aligoté, pinot blanc y el peculiar pinot Gouges): equilibrada combinación de opulencia frutal y de frescor, a menudo está fermentado en barrica, y la madera gusta mucho aquí. Se entiende peor el tinto de pinot noir, que a nuestros ojos parece más bien, a menudo, un rosado, porque esta uva, como nuestra garnacha, no aporta muchos antocianos (color). Pero esa apariencia ligera disimula mucho vigor, unas intensidades aromáticas notables, y una combinación de caracteres frutales, florales y terrosos difícil de hallar en otras castas, además de una sedosidad garantizada, porque sus taninos casi siempre son de gran finura.

El borgoña, blanco o tinto, posee la virtud del envejecimiento mejorante y atrae tanto por su pura fruta golosa durante el primer par de años de vida como, para los mejores (y no sólo los más caros), su fascinante desarrollo terciario, con 10 años y más: sotobosque, flores, y siempre un recuerdo de bayas rojas en unos aromas y sabores muy complejos.

El precio de los grandes borgoñas hace bastante prohibitiva la iniciación en estos grandes vinos, pero la mejoría evidente a lo largo de los 20 últimos años de los ‘básicos’ -denominación genérica Bourgogne, Chablis, Petit Chablis, Hautes-Côtes…- permite hoy acercarse a vinos de mucha clase por un gasto moderado. Con la ayuda de varios de los buenos importadores españoles son los que en estas dos sesiones mostramos: para entrar en este mundo sutil, donde cada pago -y en él cada productor- es un mundo diferente. Eso sí: si uno se ‘engancha’, avisamos de que el riesgo de gastos mayores en el futuro es muy cierto…

Fuente: Mundo Vino


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