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Ya se piensa en la próxima cosecha

El tema no se discute en las entidades, pero es el que concentra la atención en las mesas de café. A los productores les preocupa el aumento de los costos y los posibles futuros precios.

Históricamente, los meses de setiembre y octubre han sido especiales para la vitivinicultura. Los industriales, con la elaboración del vino terminada -queda sí el cuidado en barricas- aprovechan el impasse para la realización de eventos, como la evaluación de los vinos, que de paso vale señalar han ratificado lo que señalaban los enólogos en cuanto a la excelente calidad de la última cosecha.

Y paralelamente comienzan a generar expectativas sobre lo que puede pasar con los despachos de octubre y noviembre, que es el momento en que las grandes cadenas de supermercados comienzan a stockearse para fin de año.

En el caso de los productores, la preocupación se centra en lo que pueda ocurrir con los fenómenos climáticos, especialmente con la helada.

Muchos recuerdan lo que sucedió aquel 4 de noviembre de 1992, cuando una helada se llevó casi el 70 por ciento de la producción, cosechándose sólo 9 millones de quintales. Fue una situación excepcional, pero hasta que no pase el mes próximo nadie se queda tranquilo en ese sentido.

Pero este año, las conversaciones en las mesas de los cafés que suelen se ocupadas por sectores de la actividad, se centran en lo que pueda llegar a suceder en la próxima cosecha, esencialmente a raíz del incremento en los costos y por las expectativas que puedan surgir respecto de los precios de la uva.

En Europa

Lo que preocupa en la Argentina tiene su correlato también en Europa. Se está dando una situación compleja. Por la crisis internacional y esencialmente porque está descendiendo a nivel mundial el consumo de alcohol, la competencia en los precios de los productos es cada vez más fuerte. Esa necesidad por reducir costos por parte de los industriales, también llega a los productores.

El sitio de internet elmundovino señala en una de sus notas que los viticultores de la Denominación de Origen Rioja exigen un contrato obligatorio para la uva y el vino antes de que se generalice la cosecha.

Insisten en la articulación de medidas para establecer contratos para todas las operaciones de uva y vino y si bien destacan que esos contratos no tienen que marcar precios obligatorios, en razón de que el valor debe surgir de un acuerdo entre las partes, plantean la necesidad de que, antes de que se entregue la uva, el agricultor sepa cuánto va a percibir.

En ese marco, piden también que los precios superen los del año pasado, porque con aquellos valores los productores no alcanzaron a cubrir los costos de producción.

En Mendoza

En Mendoza en los últimos años se han logrado precios que, si bien no fueron muy altos, fueron mediatamente rentables; pero en la actualidad hay inquietud sobre el futuro. En ese marco, se supo que los gobiernos provinciales están intentando aplicar algún tipo de incentivos en la búsqueda de que el mercado de traslado no se caiga.

Algunos, que miran a más largo plazo, advierten que el período de escasez de uva -incluyendo las tintas- prácticamente ha finalizado, salvo que una helada se lleve alguna parte importante de la producción.

Se asegura también que el mercado de traslado está “más pesado”, porque no hay muchas operaciones. “Los productores están preocupados por lo que está empezando a verse”, resumió uno de los integrantes de la mesa de café.

Agregó que hasta ahora, gran parte de la disminución en el litraje se debió a la propia decisión, como industria, de vender menos, pero más caro. “Sacrificamos volumen por facturación y ahora pagamos las consecuencias”, destacó.

Esa decisión, que en realidad fue la sumatoria de pequeñas decisiones, ahora no tiene un sustento real, porque hoy las bodegas tienen acceso a una mayor cantidad de oferta de vinos, en las distintas calidades y tienden a comprar al precio más accesible para poder competir. “Caemos en el otro extremo, donde priorizamos volumen por sobre precios”, se indicó.

De todos modos, el gran regulador de la industria es el mosto, que hoy está en un precio interesante, pero depende a futuro de otras circunstancias, como el valor del jugo de manzanas o el de los de uva de otros países.

Por otra parte, el mercado externo que fue el que más creció, a razón de un 15 por ciento anual, ahora lo está haciendo a porcentajes más bajos, aunque haya aumentado en facturación favorecido por la calidad.

La pregunta del millón pasa por establecer cómo hacer para que el mercado se mueva y que el precio del vino y de la uva no sean la variable de ajuste, más allá de lo que el propio mercado plantea.

Esencialmente porque el sector productor está muy preocupado en razón de que ya se piensa que en febrero o marzo habrá un aumento en los salarios.

Y los salarios, en el sector de la producción, constituyen el 60 por ciento de los costos. Una inquietud que alcanza a todos los viñateros, incluyendo los de uvas finas y se espera que “todos” los actores de la industria adopten las medidas para que el problema no recaiga sólo en algunos.

Fuente: Los Andes


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