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Por primera vez desde 2002, cae el volumen exportado de vinos

La señal de alarma ya se encendió para la industria del vino. Después de casi una década de crecimiento ininterrumpido, el volumen de las exportaciones de vino argentino sufrirá este año la primera caída desde 2002. Medida en dólares, la industria seguirá exhibiendo números positivos, aunque la suba interanual se ubicará en el 11 o 12%, muy lejos de las tasas superiores al 20% que se registraron en los últimos años.

En el sector explican este cambio de tendencia como un efecto directo de la inflación en dólares que vive la economía local y que ya provocó que las marcas de bajo precio de Mendoza, San Juan o Salta empezaran a desaparecer de varios mercados internacionales, según señalaron las propias bodegas en el VII Foro Vitivinícola Internacional, realizado en esta ciudad.

Concretamente, los bodegueros se quejan de que no pueden trasladar las subas de sus costos a los precios internacionales, a diferencia de lo que ocurre en el mercado interno, donde los consumidores locales ya están acostumbrados a los aumentos casi constantes de precios.

“Trasladar los aumentos de costos a nuestros precios de exportación es prácticamente imposible en mercados que están amenazados por la deflación, como Holanda e Inglaterra, con lo cual a las bodegas les quedan dos posibilidades: dejar de vender o trabajar prácticamente al costo”, explicó Luis Steindl, gerente de Operaciones de Bodegas Norton.

En los primeros siete meses del año, las exportaciones de vino argentino sumaron US$ 404,2 millones, lo que implica una suba del 11,6% en dólares en relación con el período enero-julio de 2010, mientras que el volumen acumulado registró una caída interanual del 3,2 por ciento, de acuerdo con los datos de la consultora Caucasia Wine Thinking. Y la proyección para lo que resta del año que manejan en la consultora está en línea con lo sucedido en los primeros siete meses.

“La suba de costos es un problema para las economías regionales que no exportan commodities, sino valor agregado, y el dato más preocupante es que se siente una baja en el volumen”, señaló Angel Vespa, presidente de Bodegas de Argentina y director del grupo Chandon.

Márgenes en baja

Las más afectadas por la pérdida de competitividad son las exportaciones de precio bajo. De hecho, en la industria alertan que los vinos cuyo precio FOB es de menos de 25 dólares por caja de 9 litros -y llegan al consumidor final a 8 o 9 dólares la botella- están quedando prácticamente fuera del mercado.

“Vender vinos de menos de 30 dólares la caja es casi imposible. En nuestro caso, el precio promedio de nuestras exportaciones es de 98 dólares la caja, y lo que nos pasa es que estamos perdiendo margen de ganancia”, explicó Ariel Núñez Porolli, director de Operaciones de la bodega Viña Cobos.

El futuro de las exportaciones también se ve amenazado por la falta de vinos malbec, que continúan siendo los más buscados por los consumidores extranjeros. La demanda de malbec está creciendo a una tasa del 15%, contra el 7% de la producción, lo que se tradujo en una presión adicional en materia de precios. “Gracias al éxito que está teniendo en el exterior, el malbec se transformó en un bien escaso y los precios de la uva se dispararon”, explica José Antonio Galante, gerente de Enología de Salentein.

A la hora de buscar soluciones, en las bodegas son conscientes de que las alternativas no son muchas. “Acá no hay demasiadas opciones. O moderamos el nivel de inflación o mejoramos el tipo de cambio, y estoy convencido de que la primera opción es la más indicada”, advierte Gabriel Fidel, director de la bodega Piattelli Vineyards.

En la misma línea, en Luigi Bosca sostienen que desde la industria el único camino a recorrer pasa por trabajar sobre sus costos internos. “Hay que trabajar en la productividad y en la baja de costos, como los logísticos. Hoy el transporte es una de las principales cargas que enfrenta la industria, básicamente porque tenemos muy alejadas las zonas de producción de los grandes centros de consumo. La devaluación es un paliativo de corto plazo, pero en el largo sus efectos serían lapidarios”, advierte Alberto Arizu, socio de Luigi Bosca.

Fuente: La Nación


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