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Generarán lluvia artificial en Mendoza

Un grupo de investigación perteneciente a la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) trabaja en un proyecto que permitiría modificar algunos procesos meteorológicos mediante la siembra de nubes.

Los productores de Mendoza bien saben que la cantidad de precipitaciones varían de un año a otro. Tanto en alta montaña como en el llano, se observan temporadas con buena cantidad de agua y otras en las que el recurso hídrico resulta escaso.

Esta problemática fue la que detonó la idea del Dr. Raúl Pérez, quien dirige el “Proyecto de ingeniería de los estudios climáticos para incrementar precipitaciones por técnicas artificiales”. El programa, que trata de dar una respuesta a la cada vez menor cantidad de agua existente para los recursos humanos, es coordinado entre la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT) y la Municipalidad de San Martín.

“El método que se ha elegido para modificar los procesos meteorológicos es la siembra de nubes. Se introducen ciertos químicos en la nube para aumentar el tamaño y la cantidad de gotas para que puedan llegar al piso”, indicó Raúl Perez.

A modo de explicación, el profesional adelantó que “el proyecto realizará estudios e investigaciones de la atmósfera y nubes de la región, para adaptar las metodologías de incremento de lluvias que se utiliza hace décadas en el resto del mundo. Los resultados posibilitarán implementar un programa propio de lucha contra la sequía y desertificación eficiente que permitirá mitigar los efectos de carencia de precipitaciones de forma sustentable y disminuir la preocupación que se genera todos los años en la gente que vive en Mendoza”.

La puesta en práctica del proceso científico, se hará sobre el departamento de San Martín.
“Elegimos Mendoza porque es una provincia desértica con 3 oasis productivos (Oasis Norte, Oasis de Valle de Uco y Oasis de San Rafael y General Alvear) que son muy lábiles a la cantidad de agua que se tiene año a año. Sería bueno tratar de disminuir esta variabilidad para que todo el sector productivo pueda hacer una planificación y no actuar tan librados al azar”.

Cómo se desarrolla el proceso

La siembra de nubes, comúnmente conocida como “modificación de clima”, es un tema que a veces genera confusión para el público general. Es por eso que el licenciado en física y doctor en ingeniería Raúl César Pérez, explicó a FINCAS cuál es la verdad del proceso.

“El término en sí mismo es usado equívocamente ya que muchas personas creen que la siembra de nubes implica alteración de los parámetros meteorológicos en gran escala o aún peor, control del tiempo. Nada de eso es cierto. Lo que en realidad se hace es tratar nubes individuales, resultando en un cambio en la estructura micro física de las nubes, y en algunos casos hasta en la termodinámica de las mismas. La siembra de nubes no cambia los lugares de formación de nubes, su desplazamiento o donde se disipan. Los programas de siembra de nubes cuando son realizados correctamente, lo único que hacen es alterar la cantidad de precipitación, y algunas veces donde se produce”.

La operación de siembra se inicia cuando los pronósticos indican cuales son las nubes que contienen agua líquida superfría y que pasarán sobre el área de siembra elegida. Al darse esas condiciones, se encienden los generadores que están en la línea de paso de la tormenta y donde el viento será favorable.

El objetivo es interceptar las nubes apropiadas con concentraciones de yoduro de plata. Es crítico que la siembra se realice en el momento adecuado y seleccionar los generadores apropiados, que permitan la interceptación de la nube con el rastro de yoduro de plata.

“Esto mismo es realizado simultáneamente por aviones de siembra aérea, de forma tal de aprovechar todas las nubes en condiciones de ser sembradas. La diferencia está en que los aviones realizan la siembra desde la parte superior de las nubes, o siembra tope para mayor aprovechamiento de las condiciones y por seguridad, dadas las posibilidades de formación de hielo y las elevaciones de la cordillera”, informó Raúl Pérez.

Finalmente, el licenciado en física explicó que “durante la primavera y verano, se prevé realizar siembra en base y tope de nubes en el valle, para incremento de lluvias, aprovechando todas las posibilidades de siembra existentes”.

Los objetivos

El agua es el común denominador de los diferentes objetivos que propone el proyecto. “Queremos ver cuanto podemos modificar las precipitaciones. Es necesario contar con los años mínimos para evaluar los resultados y analizar si estamos en condiciones de obtener los parámetros de agua que buscamos”, aclaró Perez.

Si bien fue cauteloso con el tiempo de espera, el experto se animó a ir más allá con los objetivos. “No solo buscamos el incremento de precipitaciones de lluvia, también queremos incrementar la cantidad de nieve en alta montaña o como se hizo en Perú, disminuir las precipitaciones para evitar el impacto que producen las grandes lluvias u otros importantes fenómenos meteorológicos”.

Así mismo, el investigador mencionó que “es factible estudiar si el químico que aplicamos puede cambiar las características del suelo y modificar su acidez. De esta forma, podríamos lograr que el suelo no tenga tanta salinidad, característica común en Mendoza”.

Fin de la primera etapa

El “Proyecto de ingeniería de los estudios climáticos para incrementar precipitaciones por técnicas artificiales” contará con cuatro etapas diferentes de seis meses de duración aproximados cada una. La primera de ellas, contempla el estudio de caracterización y factibilidad. Posteriormente, los científicos realizarán el operativo de un programa de incremento de lluvia. La tercera etapa implica la puesta en práctica del operativo. Finalmente, se ejecuta la evaluación del proyecto.

En diálogo con Fincas, Raúl Pérez anunció la finalización de la primera etapa del proyecto. De aquí, los investigadores pudieron sacar tres grandes conclusiones en cuanto al clima de la zona estudiada, (San Martín de Mendoza).

“El porcentaje de días nublados es constante a lo largo del año, aproximadamente igual a un 26% de los días, y se mantiene independiente de la estación de año estudiada. En las estaciones de primavera-verano el porcentaje de días secos y días lluviosos son prácticamente iguales y altos, lo que indicaría que durante estos períodos del año la necesidad de lluvias no sería tan crítica para la región. En oposición al caso anterior, durante las estaciones otoño-invierno se observa una gran disminución de la cantidad de días lluviosos respecto al número de días secos”.

Cabe remarcar que aquí se presenta una versión simplificada de la recopilación de datos obtenida por los expertos.


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