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Burdeos ‘made in China’

China, la gran banquera del mundo, quiere invertir y, sobre todo, rentabilizar en su favor los vinos franceses de Burdeos y Borgoña.

El antes gigante comunista, de férreo régimen político pero de abierto perfil capitalista, se ha convertido en los últimos años en un gran consumidor de vinos (el octavo del mundo). Las clases más acomodadas han descubierto el refinamiento de los caldos franceses.

La potencia de su demanda, en un país de 1.300 millones de potenciales consumidores y una casta de millonarios en aumento, es garantía suficiente para lanzar tan ambicioso proyecto. A finales de septiembre estará listo el fondo de inversión Dinghong Fund, que pretende alcanzar el billón de yuanes (108.000 millones de euros) y que espera lograr una rentabilidad del 15%.

Es la penúltima conquista del gigante chino, que este año ha superado a Japón y se ha convertido en la segunda potencia económica tras Estados Unidos, y es también un síntoma de las transformaciones que está registrando el país, hasta ahora dedicado casi en exclusiva a la fabricación y exportación masiva de productos gracias a su mano de obra barata.

El proyecto chino, que sin duda ofrece una magnífica oportunidad a los inversores, reporta ciertos efectos negativos dependiendo del punto de vista con que se valoren. Por ejemplo: el alza de precios de los vinos franceses. La capacidad del país para elevar de manera exponencial la demanda garantiza dicha subida; de ahí la alta rentabilidad esperada. También suscita una duda trascendente: ¿hay viñedos suficientes en Francia para abastecer de Burdeos y Borgoña a tanto consumidor o tendrán los productores que aumentar la mezcla en cantidades ingentes de caldos de otros pagos?

Finalmente, cabe preguntarse cuándo logrará China dejar de explotar marcas europeas y americanas y lanzará las propias. En un territorio tan extenso como el de Estados Unidos, no es descartable que en pocas décadas China, adaptando las mejores técnicas de producción, acabe dejando en la cuneta también a los vinateros europeos, como ya ha hecho con la industria textil. Por cierto, mientras decide el nuevo fondo proyecta fabricar millones de vehículos eléctricos.


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