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Todos quieren ser Lafite

En Château Latour, en Pauillac, se labran las viñas con caballos, como se hacía en el siglo XIV, cuando las vides fueron cultivadas por primera vez en esta famosa finca. Pero no se trata más que de un reciente regreso a la tradición en Latour, uno de los cinco renombrados Premiers Grands Crus de Burdeos, y se basa en consideraciones comerciales, no en sentimentalismo. Los precios de los grandes vinos se han disparado en los últimos años a lomos de una explosión de interés por parte de China y otros países asiáticos. Como no se puede aumentar la producción -la superficie de viñedo es limitada y sólo se vendimia una vez al año- los principales productores de Burdeos se centran implacablemente en la calidad.

Las uvas son recogidas y seleccionadas a mano y los propietarios están invirtiendo fuertemente en técnicas de vinificación. La reintroducción de caballos en Latour hace 18 meses es parte de esa apuesta por la calidad: laborean con más precisión que los tractores y hacen mucho menos daño a la tierra y a las cepas, algunas de las cuales tienen 100 años.

Impulsado por la demanda aparentemente insaciable de Asia, el mercado del vino está en auge a pesar de las continuas dificultades de la economía global. Los precios se desplomaron como consecuencia del colapso de Lehman Brothers en 2008, pero el retroceso fue de corta duración. En 2010, el tope de gama de Burdeos superó no sólo el crecimiento de la Bolsa, sino también el del petróleo y el oro, según el índice Liv-ex, que sigue los precios de los cinco principales ‘châteaux’ de Burdeos.

Su índice Fine Wine 50 subió un 57% el año pasado, superando con mucho el oro (+35%), el petróleo (20%) y el FTSE 100 (11%). Este año, hasta ahora, el índice ha subido un poco más del 9%.

China superó el año pasado al Reino Unido y Alemania para convertirse en el principal mercado de exportación, en valor, de los vinos de Burdeos. Y los chinos no sólo compran botellas y cajas de Burdeos, sino a veces viñas enteras. A principios de este año, Cofco, la enorme empresa estatal de vinos, propietaria de la marca Gran Muralla, ompró una finca de 20 hectáreas, Château de Viaud, en Lalande de Pomerol. Es poco probable que sea la última compra de este tipo.

La creciente influencia de China en el mercado mundial del vino se ha reflejado en la edición 2011 de la lista de los 50 personajes más influyentes del mundo del vino de la revista ‘Decanter’: en cabeza, Pierre Pringuet, director general de Pernod Ricard, el grupo propietario de Mumm, Perrier-Jouët, Jacob’s Creek y buena parte de las antiguas bodegas de Allied Domecq en España, pero ha saltado del puesto 20 al segundo, desplazando de paso al legendario crítico Robert Parker, Éric de Rothschild, de Domaines Barons de Rothschild, la empresa propietaria de Château Lafite desde 1868.

Rothschild se ha ganado su ascenso gracias a la pasión de China por el Château Lafite, y el efecto en cadena en la que que está teniendo en el sector, según explica el director de ‘Decanter’, Guy Woodward. “Al lanzarse a Oriente, lo que hacen los productores de grandes vinos del mundo es seguir los pasos de Lafite”, apunta.

Al ser limitadas las existencias de Lafite y subir sus precios, cada vez sube más la demanda de los demás Premiers Crus. En mayo, un comprador chino pagó 154.000 euros por una botella de Château Latour 1961 en Christie’s de Hong Kong, más de tres veces el precio esperado.

La decisión de Latour, que es propiedad del empresario francés François Pinault, de sacar a la venta parte de su ‘sacristía’ se ha visto en el sector como un intento de intensificar el interés de Asia por Latour como rival de Lafite. La subasta recaudó 4,9 millones de euros, y un 95% de los lotes superó las estimaciones.

Mientras tanto, la añada 2010, ahora a la venta ‘en primeur’ (cuando aún está en barricas, a la espera de ser embotellada), parece ser una vez más de alta calidad. El 2009 fue aclamado como “añada del siglo”, y todo indica que el 2010 es igual de bueno. Los productores se encuentran actualmente en el proceso de dar a conocer sus precios y se han producido algunos aumentos pronunciados, como el Château Pontet-Canet, a 100 euros por botella, cerca de un 40% más que el 2009. El enorme incremento ha hecho poco por frenar la demanda: la empresa londinense Bordeaux Index vendió su alocación en media hora, y todos los comerciantes informaron de un interés entusiasta a pesar del fuerte aumento.

Parker, el crítico más influyente del mundo, ha advertido de una burbuja especulativa en los precios de Burdeos y que la región, que él tanto ha promovido, está en peligro de salirse del mercado europeo al, perseguir exclusivamente a los ricos compradores asiáticos. El aumento de los precios, mientras que la economía mundial está en un estado tan frágil, es “un juego muy peligroso”, según él.

No todos están de acuerdo: “No hay burbuja del burdeos”, dice Sam Gleave de Bordeaux Index. “Hubo una ligera desaceleración hace unos meses, pero eso era lo que necesitaba el mercado. La gente está bebiendo más que nunca y se está dando cuenta de que vale la pena seguir a los Seconds Crus en las grandes añadas. En segundo lugar la calidad de los Seconds es tan alta hoy como la de los Premiers de hace 15 o 20 años. Al irse educando los paladares, esperamos ue los compradores vayan la diversificando hacia otras áreas, tales como Borgoña y Ródano”.

Sólo una pequeña proporción de la producción mundial de vino -menos del 1%- se considera como digna de una inversión, y por lo tanto el alza de los precios en el extremo superior tendrá poco impacto en los vinos que se venden en los supermercados, según Gleave. “La única cosa que realmente afecta los precios en el mercado de masas son los tipos de cambio”.

Fuente: Mundo Vino


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