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La vitivinicultura 2.0

El desarrollo sustentable se entiende como un concepto sistémico, no sólo en la industria sino en toda la comunidad. Las bodegas más importantes ya trabajan bajo estos estándares. Una tendencia que aporta palpables beneficios.

La industria vitivinícola argentina presenta dos etapas bien marcadas. La primera, iniciada con la masiva llegada de inmigrantes y la expansión de las plantaciones, iba acompañada de un mercado interno vigoroso que tenía elevados niveles de consumo. Esto alimentó planes de estímulo que hicieron que se remplazaran variedades de mayor calidad por otras de menor calidad pero de mayor rendimiento.


Esta etapa, a la que denominaremos “vitivinicultura antigua”,  se caracterizaba, según la opinión de Aldo Biondolillo, en que “dependía de un mercado interno que no exigía calidad sino volumen”. Pero, además- agrega- “la experiencia nos mostró que si bien el Estado fue el principal responsable en demorar el ajuste estructural de la industria, no lo hizo en un afán de excesivo intervencionismo sino, lo que es más lamentable aún, respondiendo al reclamo generalizado de los actores del sector”.

El gran cambio, cuando comienza a nacer la que denominaremos “nueva vitivinicultura”, comienza a gestarse con dos hitos fundamentales: la privatización de GIOL, en 1990, y el Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) que vio la luz en 2003.

En el primer caso, la privatización de la bodega estatal eliminó la intervención directa del Estado en los mercados y obligó a los productores a mirar con más atención a los consumidores.

El consumo récord de 95 litros per cápita por año de los años 60 había comenzado a retroceder y las nuevas generaciones encontraban nuevas opciones, mientras el mercado de vinos seguía ofreciendo productos antiguos, en los que la calidad estaba ausente.

Durante toda la década de los 90 muchas empresas comenzaron a mejorar la calidad de los viñedos, a mejorar la capacitación de los profesionales, a incorporar tecnología moderna. Se generó una interacción entre agrónomos y enólogos que antes no existía y se comenzaron a explorar los mercados internacionales. La situación macroeconómica facilitó la adquisición de tecnología y los primeros productos tentaron a empresas extranjeras a instalarse en Argentina.

Todo el aprendizaje de los `90 fue capitalizado mediante un trabajo concienzudo desarrollado entre actores públicos y privados, de los cuales, después de varios años de trabajo, salió PEVI, el Plan Estratégico Vitivinícola 2020 que, además, tuvo una virtud de la que había carecido la actividad: tomó la vitivinicultura argentina como un todo, incluyendo a la totalidad de las provincias e involucrando a los gobiernos locales. La consolidación del PEVI 2020 se dio con la Ley de creación de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) en 2003.

En los últimos 20 años, la industria produjo un cambio notable. Como refiere Biondolillo, “el quiebre entre ambas vitiviniculturas permitió dar un gran salto cualitativo no sólo en la producción sino la mentalidad del productor y su entorno”. Hoy Argentina se ha hecho un lugar en el mundo con sus vinos, con una variedad emblemática como el malbec, acompañada por el torrontés, pero mostrando también capacidad para ofrecer otras variedades con altos niveles cualitativos, según los requerimientos de los mercados.

Pero el andar del tiempo mostró que no alcanzaba sólo con la calidad física del producto. Esta  calidad debía ser acompañada de valores. En la gestación de estos nuevos conceptos se comprometen líderes empresarios con mucha experiencia con el empuje de una generación de profesionales jóvenes absolutamente comprometidos. Comienza a hablarse de sustentabilidad y es el nacimiento de lo que, quien escribe estas líneas, ha definido como vitivinicultura 2.0. Este concepto encierra una visión integradora de la actividad económica con el contexto, más comprometida y necesita involucrar a toda la sociedad y no sólo a los actores de la industria.

La vitivinicultura 2.0
Este concepto pretende señalar un modo de acción empresaria distinto, más comprometido con el entorno social. Es muy difícil encontrar coincidencias en cuanto al concepto que sintetiza el desarrollo sustentable. Hay diversas teorías, más amplias o más restringidas. Para Biondolillo el desarrollo sustentable es aquél en el que se desarrollan las actividades económicas en un marco de respeto por el medio ambiente, equidad con igualdad de oportunidades e inclusión social. Para Biondolillo, el desarrollo sustentable debe incluir no sólo las acciones físicas tendientes al cuidado del suelo o el ambiente sino que debe incluir las decisiones políticas, sociales, económicas y ambientales emanadas del poder político.

Es indudable que la problemática de las consecuencias del cambio climático, sus mediciones y las acciones para intentar mitigar sus efectos han sido el disparador de estas acciones. Es decir que el concepto de sustentabilidad no sólo involucra a la empresa sino a todos sus proveedores, tanto de insumos como de uvas o vinos y al mismo Estado como proveedor de servicios.

En este aspecto, es destacable la preocupación nacida en el seno de Bodegas de Argentina al conformar una Comisión de Sustentabilidad. El coordinador de la misma, ingeniero Luis Romito, explicó que la dispersión de normas a nivel internacional también representan un riesgo comercial, ya que algunas exigencias se parecen a restricciones para arancelarias
Esta vitivinicultura con más valores sociales comprometidos es lo que estamos viendo nacer, pero con el problema de que aún hay muchas empresas que ni siquiera entraron a la modernidad, lo que hace que coexistan los tres tipos de industria, lo que no es viable en el mediano plazo y requiere de una urgente reconversión.

En este aspecto, el Presidente del INV, Guillermo García, ratificó la decisión del organismo de exigir desde el año próximo la certificación de Buenas Prácticas de Manufacturas (BPM) a todas las bodegas. Aquellas que no tengan implementada dicha normativa, que es básica, serán pasibles de multas, como mínimo. Hay que reconocer que casi el 70% de las bodegas que elaboran no cuentan con equipos de frío.

Esto es la antigüedad, ya no puede admitirse esta carencia que atenta contra la calidad de los productos, así como medidas sanitarias básicas.

García reconoce que el problema mayor se verifica en las bodegas trasladistas, que son aquellas que elaboran vinos por cuenta de terceros y venden a granel, no estando comprometidos con el consumidor ni recibiendo presiones de ningún comprador. Si bien algunos trasladistas ya hicieron la transformación, hay una inmensa mayoría que no lo ha hecho.

El desarrollo sustentable debe entenderse como un concepto sistémico, no sólo en la industria sino en toda la comunidad. Los que están comprometidos ya están comenzando a extender sus conceptos a sus proveedores y lo han hecho con sus empleados. La tarea es ardua porque implica un cambio cultural muy importante, por eso es tan valioso el compromiso de los líderes como la pasión y los compromisos de los jóvenes que deberán sostenerlo y hacerlo crecer en el tiempo, mientras se transforman en los formadores de las generaciones que les seguirán.

Fuente: Los Andes


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