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Paul Hobbs: “El vino argentino no es algo que está de moda”

El influyente enólogo defiende al Malbec, una cepa pedida en todo el mundo y que se da en este país bajo condiciones difíciles de imitar. “Hay que seguir plantándolo”, sostiene.

Paul Hobbs es uno de los enólogos más influyentes de los vinos del nuevo mundo. Trabajó en Napa Valley en la bodega de Robert Mondavi hasta que a fines de los ’80 llegó a Mendoza de la mano de Nicolás Catena Zapata.

Actualmente recorre el mundo como asesor de bodegas pero gran parte del tiempo lo pasa en Mendoza, donde tiene la suya: Viña Cobos.

En una charla íntima con Negocios y economía, brindó sus opiniones sobre el éxito del Malbec y del momento que atraviesa el vino nacional.
–El estilo Paul Hobbs ¿se contagia en todas las bodegas a las que asesora?

–Uno tiene un estilo propio, pero yo prefiero que en los vinos se exprese el terroir.

–¿Le gusta ir conociendo nuevas zonas para producir vinos en el mundo?

–Mi trabajo es fascinante. En Argentina todos los días hago algo nuevo y se aprende algo distinto; pero también hay otros lugares en el mundo muy interesantes que estoy descubriendo, como Hungría. Un lugar con más de 800 volcanes, que tiene un suelo complicado.
–En Mendoza, ¿cual es el terruño más novedoso?

–La Consulta y Vista Flores tienen buenas condiciones. Hay mucho trabajo por delante, hay que estudiar la diversidad y cómo producirla.

–¿Cómo debería hacer Argentina para no tener tanta dependencia del Malbec, sobre todo en EE.UU.?
–Argentina no es algo de moda, sino que posee condiciones especiales que no hay en otras partes del planeta. Además, el Malbec es una cepa pedida en todo el mundo y para ello este país tiene condiciones difíciles de imitar. También tiene otras cepas como el Torrontés, que aunque aún le falta un poco, al igual que el Cabernet Sauvignon, están ganando terreno; y por otro lado, aunque todos conocemos al Malbec, estamos tratando de hacer trabajos especiales con el Cabernet.

–¿Tiene el Cabernet Sauvignon argentino la capacidad de competir con los grandes a nivel mundial?
–¡Esa es la pregunta! Creo que sí, aunque es muy sensible y complicado. En ese sentido es más fácil hacer el Malbec
–¿Hacen falta más hectáreas de Malbec en el país?

–Creo que sí. Hay que tener Malbec de Malbec. No podemos defraudar a nuestros consumidores, hay que seguir plantando. Quizás 10 mil hectáreas, como se dice por ahí, sea mucho; porque además tiene que haber más demanda para mantener un precio lógico.

–Tras el éxito del Malbec, ¿existe algún miedo de repetir el modelo australiano?

–Todo es posible pero yo espero que los argentinos sean más inteligentes que los australianos. En Argentina es parte de la sociedad producir vino. En Australia el vino no es bebida nacional, ellos sólo plantaron para hacer un negocio. Acá hay un aspecto cultural ligado al vino que no existe en todos lados; eso hace que no sólo dependamos del mercado externo sino que el mercado interno es muy fuerte y fundamental para la industria.

–¿Como ve al consumidor argentino?

–Sabe mucho de vinos. El problema es que es un mercado muy cerrado y no se puede tener la posibilidad de probar vinos de afuera. Eso es un obstáculo. Pero el consumidor es muy inteligente y es muy respetuoso de una buena comida y del buen beber.

–Si le tuviese que hablar al consumidor que no lo conoce y decirle cómo es su estilo ¿qué le diría?

–Mi estilo es muy simple: fruta, balance y elegancia; y trato siempre de preservar la tipicidad del varietal, eso es muy importante.

–Además de resaltar la fruta usted hace vinos con barrica de roble francés y otros con roble americano…
–Yo tengo mi estilo propio, pero no es el mismo vino siempre. Cada cliente o dueño de una bodega pone su ímpetu personal. El resultado de un vino es una combinación con cada cliente, no sólo la impronta de uno como asesor sino que tiene que ver muchas variables.

–Además del Malbec y Cabernet ¿ha tendido contacto con la Bonarda? ¿Qué opinión tiene de esta cepa?
–La veo con muy buen potencial, se está trabajando y hay muy buenos Bonarda. Básicamente la relación precio-calidad de este varietal es lo más destacable. Hace falta que se siga conociendo esta cepa en el mundo, que hay que aclarar que no es el Barbera-Bonarda que se conoce en otras regiones sino que es el Corveau.

–Respecto a los vinos blancos, además del Torrontés, que es otro de los referentes de nuestro país, ¿qué opinión tiene del Sauvignon Blanc, por ejemplo, o de otras cepas que están en alza?
–En el caso del Sauvignon Blanc hay muy buenos exponentes pero la opinión en el mundo sobre Argentina no es favorable en general a los vinos blancos, excepto del Torrontés, por supuesto. Pienso que el Torrontés, que sólo se da en este país, tiene un gran futuro todavía.

–El gran auge que han tenido los vinos argentinos encuentra similitudes con la expansión que han mostrado otros mercados emergentes de la industria enológica mundial. Sin embargo, los caminos y los logros han sido dispares. Trazando un paralelismo entre los años ’70 en Estados Unidos y los ’90 en nuestro país hay algo parecido a Mondavi?
–Mondavi fue quien inició el camino del vino y el responsable de que se comenzara a hablar de vinos en Estados Unidos y que los americanos comenzaran a amar el estilo de vida europeo. No creo que haya otro en toda la humanidad. Pero en Argentina hay un caso muy particular, que es lo más cercano, y que es Nicolás Catena, quien inició el proceso de la calidad en este país.

–¿Hay un estilo definido en la Argentina?
–Somos un poco jóvenes todavía para tener un estilo. Desde los últimos 15 años hay una evolución permanente a la que hay que esperar y analizar. Hay muy buen nivel técnico y es muy fuerte. Es bueno que los técnicos se puedan capacitar. El nivel de recursos humanos con que cuentan es excelente.

–¿Qué opinión tiene respecto al desarrollo de la gastronomía durante los últimos años en Argentina, sobre todo acompañando la evolución de los vinos?
–Hay un gran salto desde hace 20 años. Sin lugar a duda hay una evolución que ha ido a la par con los vinos. En Buenos Aires hay una gran oferta gastronómica y Mendoza está a la misma altura.

–¿Cómo se lleva con otros asesores internacionales que trabajan en Mendoza?
–Hay otros asesores que han hecho un protocolo que antes no había, tal es el caso de Michel Rolland, que ha sido muy importante; pero no estamos pendiente el uno del otro, sino que cada uno tiene su estilo propio.

Fuente: Diario Uno

 


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