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La arquitectura del paisaje

Una ruta sobre el eje arquitectónico del vino desarrollado por el estudio Bórmida & Yanzón.

“La arquitectura mantiene una relación intima, entrañable con el paisaje, es indisociable de él. No es un objeto que pueda entenderse exento de su contexto natural”. Éste no es sólo un concepto; es un estilo, una forma de ver, de entender, de construir. Así lo percibimos luego de conversar con Eliana Bórmida quien presentó, junto a su estudio, la Guía de la Nueva  Arquitectura del Vino.

Entonces se explica: “Llevamos una década haciendo bodegas. Por eso pensamos que sería interesante armar con todas ellas un camino del vino, con el primer objetivo que es mostrar todas las obras que representan a distintas marcas, todas diferentes entre sí, con su filosofía particular pero que dejarán, en el recuerdo de quienes las visiten, una imagen global, una superposición de todas, con los fragmentos de los momentos vividos en cada una que, en su conjunto, conformarán la imagen de la Mendoza vitivinícola”.

De esta manera la guía de Bórmida Yanzón Arquitectos ingresa en el turismo enológico vernáculo, marcando puntos, uniendo líneas bajo un concepto propio en la inmensa geografía mendocina en la que erigieron más de una docena de bodegas. Eliana reconoce que hay numerosas propuestas de caminos del vino, tanto desde agencias de turismo como de organizaciones que trabajan en la industria.

Por ello nos propone una mirada diferente. “El visitante debe observar el paisaje porque el vino no se hace sólo en la bodega: se hace en la tierra. Surge de un buen fruto, nacido de un esmerado trabajo en los viñedos, en un territorio que tiene condiciones muy buenas para la vid. Nuestro circuito pretende colocar al visitante en contacto con el paisaje, que sepa que no sólo debe mirar el edificio porque ésa sería una mirada incompleta”.

Qué ver y dónde verlo

La propuesta es sencilla: en un circuito de 350 km, que puede realizarse en tres días, el interesado  transitará por  Luján de Cuyo, Tupungato, Tunuyán y San Carlos conociendo 14 bodegas destacadas por su valor arquitectónico y cultural. La guía proporciona datos básicos como nombre, ubicación, horarios y contacto de cada establecimiento; distancia respecto de la ciudad de Mendoza y la posibilidad de coordinar exclusivas visitas arquitectónicas guiadas. En ellas, además de la experiencia enológica, se expone la filosofía arquitectónica de cada casa vitícola de la mano de un profesional especializado del staff de B&Y.

La clara graficación del mapa permite identificar las edificaciones de su interés y armar un itinerario propio.

Aprehender el entorno

Cabe preguntarse cuál es el secreto que los llevó a ser el estudio con más bodegas diseñadas y construidas en todo el mundo, además de las capacidades profesionales, claro está. Quizá el entender que, cuando hay intención, todo comunica. El trabajar mancomunadamente con los hacedores de vino y con sus mentores ideológicos, nos dé una pista. Luisa Yanzón, arquitecta de la firma y  coordinadora de “New Wine Architecture Guide” explica el proceso creativo:

“Trabajamos con datos técnicos, con el enólogo, con los dueños, con el departamento de imagen de marca, con el de comercialización; nos transformamos en un gran radar que capta todo para poder comprender qué quieren hacer, qué quieren comunicar, cuál es su mensaje particular”. Ésa es la razón por la que, siguiendo la guía el visitante, se encontrará con bodegas del estudio pero todas muy diferentes entre sí.

O Fournier es una de las obras, allí como en las otras “el mensaje es dado no sólo por su vino sino por el edificio que lo elabora. José Manuel -que venía de Europa con toda la tradición a cuestas- llegó con la idea de los vinos del nuevo mundo y del nuevo milenio; nos pidió una bodega que reflejara eso. Quiero que se vea y que sea un ícono del futuro, nos dijo”.

Ahora, al verla, el visitante aprecia esa concepción. Una de las características más sobresalientes es el techo (ver foto) que, además, sirve de sombrilla para la vendimia. A diferencia de la anterior, la bodega de Carlos Pulenta en Vistalba representa la tradición mendocina. “Es una arquitectura más conservadora, tradicional, refleja a sus dueños, mendocinos de pura cepa, de tradición vitivinícola” enfatiza Luisa.

Las arquitectas señalan que el paisaje siempre es el punto de partida de la creación. Es el que contiene. Por ello “tratamos de construir edificios que dialoguen con la naturaleza” .
Para Eliana “la bodega es socia de la tierra y, como descendiente de los que habitaron los territorios andinos, tenemos conciencia de la madre tierra, ésa que brinda generosamente un suelo fértil, el agua, que posibilita el trabajo en esa tierra para que dé frutos que más tarde serán transformados en un buen vino”.

Entonces insta a que Mendoza ponga en valor su naturaleza. “Los visitantes se sorprenden ante el inmenso contraste entre el monte nativo y los viñedos, esa diferencia que indefectiblemente los hace transitar un puente entre la creación y lo que puso el hombre. La presencia rotunda de la naturaleza es nuestro punto de partida y a ella hay que dirigir el esfuerzo de comunicación. El resto se adecua a ella”.

10 años haciendo bodegas

La primera bodega en la que trabajaron fue en la de Don Ernesto Pérez Cuesta que hoy es la Bodega Nieto Senetiner. Debían realizar una reforma en una casa patronal ya que el propietario, luego de un viaje a España, entendió que se venía una nueva era del vino con caldos de crianza, en la que había que invitar a la gente a ver el arte de la vitivinicultura. En ese tiempo debían hacer frente a la competencia con las cervezas y con otras bebidas. La forma de hacerlo fue presentar  a Mendoza y al mundo lo que significaba el ciclo completo del vino en esta tierra.

La casa se transformó de la mano de Bórmida-Yanzón en un sitio de encuentros, a donde se invitaba a periodistas, críticos, líderes de opinión a degustar los varietales. “Completamos el parque sacando un camino de trabajo que llevamos hacia otro sector, para dejar un espacio tranquilo, de sociabilidad, un lugar de cata, para compartir”, diferenciado de los destinados a las labores cotidianas propias de la industria. “Entramos, no por la parte tecnológica sino de comunicación” afirma Eliana Bórmida.

Continuaron con Carlos Pulenta que, por aquellos días, era presidente de Trapiche. “Nos pedía espacios para recibir invitados en bodegas que no estaban preparadas para eso. Ideamos muchas cosas juntos. Hicimos escenografías; nosotros creábamos espacios, ellos eran señores del vino que entendían lo que se venía. Juntos vivimos una época memorable de posicionamiento de Mendoza. Debíamos dar a conocer que en la provincia sabíamos recibir, demostrar que no éramos advenedizos, que teníamos conocimientos, que sabíamos hacer las cosas. Ahí pusimos en práctica la creencia que los espacios de sociabilidad son tan importantes como los viñedos y los sectores de producción”.

En este sentido agrega que en la actualidad hay múltiples espacios de socialización: en los viñedos se anda en bici, se hacen cabalgatas, carreras de coches antiguos o paseos en globo; adentro de las casas vitícolas hay arte, música, gastronomía; pero, además, hay muchos espacios de sociabilización en torno al vino, fuera de las bodegas, en los wine bar, por ejemplo, donde se disfruta de la cultura del elixir, donde los viajeros se impregnan de esa forma de hacer, y se enteran entonces de que en Mendoza el vino no es sólo un producto comercial sino un bien cultural.

Diamandes es la última bodega que construyó el estudio en su próspero trayecto de 10 años. Es una construcción que vinifica por gravedad con modernísimas técnicas. “Desde el punto de vista de la sociabilización pensamos que el camino del visitante no es el mismo que el camino de la uva. Se trata de un edificio largo, escalonado que, en el centro, tiene una plaza, con las increíbles imágenes de Vista Flores”.

“El trayecto del turista comienza cuando deja el auto en los viñedos y sube una rampa hasta la plaza que cuenta con un diamante en el centro, una estructura que hay que ver. Al lado, un edificio destinado a la administración, otro al turismo, que se conectan con la cava, el corazón de la bodega. Desde la plaza se integra el paisaje y toda la estructura” describe Bórmida. Cabe mencionar que el proyecto obtuvo el premio de la Red Global de las Grandes Capitales del Vino.

La diversidad y versatilidad de la ruta de bodegas construidas por el estudio, puede abarcarse desde la iniciativa de cada viajero. El eje conductor será la arquitectura contemporánea equilibrada entre las innovaciones y la revalorización de las tradiciones de cada sitio. Estructuras que persiguen calidad de vida, armonía con el entorno y respeto por el medio ambiente. Un estilo andino, en el que el sol y sus sombras, el cielo, el desierto, las montañas y los cursos de agua, no compiten por la preponderancia.

Fuente: Los Andes


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