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Aumentan los precios de los viñedos en la zona de Cafayate

No se registran operaciones de compra de viñedos en la región, simplemente porque no hay ninguno en venta. Allí, una hectárea de tierra inculta vale alrededor de U$S 10.000. La escasez de agua representa límites a la expansión de las viñas.

La superficie implantada con viñedos en Cafayate viene creciendo un 10% cada año en los últimos cinco años. Este desarrollo es superior a la media de Salta, donde según el INV, el porcentaje de desarrollo de viñedos nuevos ha sido del 19% en 8 años deduciendo la antigüedad de las plantas.

La transformación de viñedos en Cafayate se orientó principalmente hacia las uvas tintas, sobre todo Malbec y Cabernet Sauvignon, pero también de Tannat – que está teniendo mucho auge en la zona- y de la aparición de nuevas variedades como Cabernet Franc, Bonarda y Pinot Noir, que se utilizan mucho para cortes.

Un dato que brindaron ingenieros agrónomos consultados, es que el año pasado la demanda de plantines de Malbec en la región fue tan grande que los viveros se quedaron sin provisión.

Del Torrontés a las tintas

En los últimos 15 años muchos parrales viejos de Torrontés fueron injertados con tintas; otros fueron arrancados y reemplazados por Malbec. Hoy el Torrontés ocupa aproximadamente el 50% de la producción de la zona.

Al cierre de la cosecha 2010, los números del Instituto Nacional de Vitivinicultura indicaban que en la provincia de Salta existían 289 viñedos con poco más de 2.296 hectáreas cultivadas que suponen el 1% de la superficie total implantada del país. De éstos, 1003 hectáreas eran de uvas blancas.

Si bien esta cantidad no es nada despreciable, el auge de exportaciones del varietal blanco emblema hizo que los viticultores se arrepintieran de haber descartado aquellos parrales viejos que hoy valen oro. Pero, como dice Marcos Etchart, uno de los propietarios de San Pedro de Yacochuy, y miembro de una de las familias vitivinícolas más antiguas de Salta, “pasamos muchos años en que el Torrontés no valía nada y en este negocio es muy difícil hacer futurología”.

¿Hacia dónde crecerá Cafayate?

“En Cafayate no hay mucho espacio para seguir creciendo. En particular, porque el agua es escasa y las tierras disponibles también. Chimpa y Tolombón, dentro de Cafayate, son las zonas que más emprendimientos nuevos albergan. En Tolombón compraron empresas mendocinas como Catena Zapata, que está cultivando 10 hectáreas al año de Torrontés. El valor de la hectárea allí pasó de 3.000 a 5.000 dólares en dos años. En Chimpa, en la parte baja del valle, hay abundante agua, pero el suelo tiene boro, y exige trabajarlo para que no afecte a la vid”, explicó Marcos Etchart.

Hoy, la hectárea de campo vale 10.000 dólares, pero no se registran operaciones de venta.
“Comprar tierra en Cafayate, es difícil; no hay mucha disponible y hay poco agua, continuó Marcos Etchart. Como no tenemos ríos importantes, excepto uno de deshielo, nos manejamos con agua de vertiente. En las napas hay agua, pero no en abundancia. Por falta de legislación, además, es posible perforar en cualquier lugar y eso es una desgracia, porque hacen pozos muy de otros y van bajando peligrosamente las napas”, alertó.

Tucumán y Salta, las promesas

El Valle Calchaquí es pequeño. Sus cerca de 2.500 hectáreas de viñedos ocupan parte de Salta, un pedacito en Tucumán y la zona de Santa María en Catamarca, donde hay una sola bodega. En Catamarca, el límite oficial es Punta de Balasto.

La promesa para el desarrollo vitivinícola del Valle Calchaquí la abrigan Catamarca y Tucumán.  “En Catamarca, el crecimiento es paulatino. Creemos que va a seguir los pasos del Valle de Uco, que hace 20 años tal vez no tenía tan buena fama como zona y hoy es uno de los mejores lugares para el cultivo”, evaluó Etchart.

Tucumán tiene mucho espacio disponible y tierras muy buenas, pero el problema grave es el indigenismo, de difícil solución política, que no permite el desarrollo de nuevas inversiones.

Fuene: Los Andes


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