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Homenaje al vino insignia

En diferentes provincias de nuestro país y en distintas ciudades del mundo, la Argentina rindió homenaje a su vino insignia, el malbec, varietal que abrió las puertas de los exigentes mercados internacionales. La fecha elegida fue la del día en que, en 1853, se presentó el proyecto para la creación de la Quinta Agronómica.

A pesar de que la Argentina siempre se ubicó entre la decena de países con mayor producción de uvas, menos de dos décadas atrás el vino local era prácticamente desconocido en el mundo. Sólo lo valoraban quienes -conocedores de las calidades que se lograban- visitaban Mendoza y ello quedó reflejado en la frase de un periodista brasileño cuando concurrió a nuestra provincia y aseguró que la industria del vino argentino “se miraba el ombligo” y no se atrevía a ganar mercados internacionales.

Esa situación respondía a un hecho concreto: la Argentina llegó a contar con un consumo per cápita que superaba los 90 litros anuales, lo que permitía que se priorizara la cantidad por sobre la calidad. Sin embargo, el ingreso masivo de bebidas sustitutas, como las cervezas, los jugos, las gaseosas, los amargos y el agua mineral, sumado al hecho de cambios culturales en la vida de los argentinos, como por ejemplo que la gente dejó de almorzar en su casa, modificó sustancialmente la situación.

El consumo fue cayendo aceleradamente con el correr de los años y los bodegueros se vieron obligados a salir a vender vino al exterior para mantener la industria en pie. Se encontraban frente a nuevas exigencias, como las que plantean los mercados internacionales y hubo un favorable cambio en la mentalidad de los profesionales: comenzaron a elaborar el vino “que le gusta a la gente” y no el que el bodeguero consideraba el mejor. Paralelamente realizaron una profunda modificación en los viñedos -con una importante reconversión e implantación de viñedos de uvas finas- y la incorporación de tecnología de punta en las bodegas, a través de tanques de acero inoxidable, frío, etc.

Logrados esos primeros pasos, las bodegas argentinas salieron en primer término a participar de los concursos internacionales, para evaluar en qué lugar de preferencia podría ubicarse el vino local. Los resultados fueron sorprendentes. El malbec -un cepaje de ascendencia francesa- ganó los paladares de los expertos, acompañado por una cepa argentina, el torrontés, entre los blancos.

La noticia de un nuevo varietal, con características inigualables, ganó de inmediato la atención de los consumidores. Los resultados están a la vista: de los escasos miles de dólares que se exportaban poco antes de 2000, se llega a un momento actual en que se superan los 700 millones de dólares.

Esas cualidades del malbec determinaron que el varietal fuera homenajeado días pasados y la fecha elegida fue la del 16 de abril, día en que en 1853 fuera presentado el proyecto para la creación en Mendoza de la Quinta Normal y la escuela de Agricultura, que llevó la denominación de Quinta Agronómica. Una vez conformada, se contrató al experto francés Miguel Aimé Pouget para que formara a los futuros enólogos mendocinos. Esa actividad se continuó luego con la labor que desarrolló el padre Francisco Oreglia, en la Escuela de Enología Don Bosco.

Constituyó un digno homenaje en numerosas provincias argentinas y en distintos países del mundo, como Estados Unidos, Canadá, Francia e Inglaterra, mientras paralelamente se efectuó una subasta de vinos malbec de colección.

De la mano del malbec la Argentina ha sabido ganarse un lugar en el difícil y competitivo mercado internacional. El camino elegido es el correcto y habrá que continuar con los objetivos trazados, siempre sobre la base de una excelente relación precio-calidad, que es la que generó la atracción de los consumidores más exigentes.


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