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El vino argentino ha experimentado un cambio fantástico

Michel Rolland inauguró su propia bodega, Mariflor, inserta en el emprendimiento vitivinícola Clos de Los Siete, ubicado en el Valle de Uco, Mendoza, oportunidad en que se refirió al desarrollo del vino argentino.
¿Cómo has visto la evolución del vino argentino en estos últimos 20 años?

Es tan fuerte y fue tan grande que nunca vamos a poder decir lo suficiente sobre los cambios que hemos visto durante estos últimos 20 años. A fines de los 80, el mercado era muy interesante, pero muy cerrado; el vino que se producía era para los argentinos y afuera nadie lo conocía. Pero en los 90, en la época del uno a uno, los empresarios argentinos empezaron a exportar y en la actualidad hemos visto un crecimiento de la industria muy fuerte. Me siento muy bien porque fui, en parte, un poco actor de este cambio que ha sido fantástico.


Cuando llegué a la Argentina no tenia idea de los vinos que se producían en el país. En ese momento, Echart me invito a una cata de los 35 vinos argentinos más conocidos del mercado y para ser honesto, no me gustó ninguno, pero el potencial era evidente. Con mi poca prudencia y diplomacia les dije que había que trabajar diferente para producir vinos que gozaran del éxito internacional. Y por suerte, el éxito llegó a través del malbec.

Fuiste un gran desarrollador del malbec en sus comienzos ¿Cómo ves su futuro?

Tenemos la suerte de tener un varietal que es emblemático, pero tenemos otros varietales que también se pueden hacer muy bien: merlot, cabernet y bonarda, entre otros. Pero el malbec va a ser la variedad más importante de la Argentina. Lo único que no hay que hacer es elaborar cualquier tipo de vino con la denominación malbec. Ahí lo vamos a matar y Argentina se va a meter en problemas, ya que si no hay consumo de malbec en el mundo, el vino argentino puede caer en grandes complicaciones. Hay que cuidar al Malbec como producto nacional y no matarlo con cualquier tonto que produce 25 mil kilos por hectárea y pone sobre la etiqueta “Malbec”, con un marketing infernal y vende cualquier tipo de vino.

¿Qué opinión tiene sobre la estrategia de posicionar el cabernet argentino, para acompañar el éxito del malbec?

Argentina nunca va a tener un cabernet que compita con los grandes de Francia y los de Estados Unidos. Pero puede tener muy buenos ejemplares de cabernet y muy buenos en el mercado. Pero les aseguro que en los próximos 20 años nadie va a decir que Argentina es el país del cabernet. La variedad es el malbec y es una suerte que sea así. ¿Cómo va a ser Argentina para competir con los grandes cabernet de Medoc o los de Napa Valley?. Nunca va a poder ser..

Es como si un campeón de judo intenta ganar los 100 metros libres…no va a poder. Y aquí el campeón es el malbec, no el cabernet. Por qué buscar ser campeón en cabernet, es como si mañana Napa Valley quiere ser campeón de Malbec; no le va a alcanzar. Es mucha energía puesta para nada.

¿Y las sugerencias internacionales sobre empezar a hacer cortes con otras variedades?

Eso es puro marketing: pensar que en todo momento este presente el malbec para salvarte. Es cierto que hay que capitalizar sobre el éxito, pero por qué buscar lo que no existe realmente, si podes hacer grandes vinos de malbec.

¿Cómo se hace para no depender del malbec, tal como le paso a Australia con su syrah?

Eso es otra cosa, porque Australia produjo demasiado volumen de vino sin carácter. Allí hay cinco o seis empresas que tienen el 80 % del mercado y eso te mata. Chile va por el mismo camino, con las grandes empresas que controlan todo: el precio de la uva, el precio del vino, el mercado de afuera, todo.

En Argentina es diferente, el mercado es diverso y no creo que vaya a suceder una cuestión así. Hay muchos proyectos diversos y la fortaleza es la gran cantidad de muestras que hay en el mercado.

¿Cuáles son las características que los grandes vinos argentinos comparten con los grandes vinos del mundo?

No hay que buscar lo que no existe. Argentina tiene una historia en el mundo del vino muy corta. Si miramos esa historia global del vino, no hay un país que haya desarrollado una imagen tan fuerte en tan poco tiempo. Entonces hacer una comparación entre los vinos argentinos con los grandes vinos del mundo que tienen una gran trayectoria es prematuro.

Estoy convencido que aquí hay un potencial para desarrollar grandes vinos en el tiempo, pero hay que conocer bien el terruño y requiere mucho tiempo. Recién hemos descubierto el Valle de Uco, y fuimos más arriba y mejoramos condiciones para la elaboración de vinos de calidad, todo eso es nuevo. En Francia hemos empezado hace más de dos siglos y todavía seguimos aprendiendo.

Aquí hay una fuerte cultura de vino, el consumidor local consume el producto ¿Eso es más parecido a Estados Unidos o Europa?

Argentina tiene una ventaja enorme con el mercado doméstico, que es fuerte. Con la producción global de Argentina (quinto productor mundial) y la exportación, presenta un poco de los dos estilos. Tiene que cuidar los dos mercados porque son importantes para el crecimiento. Hoy los vinos se piensan para el mercado internacional y el consumidor local se va adaptando a esa situación, eso es muy bueno.

Sin dudas que Estados Unidos es un mercado muy importante para la Argentina. Inglaterra no es un mercado, es un negocio copa a copa, que se mide por el precio: esto mató totalmente a Australia, por ejemplo. A Rusia le falta cierta apertura, con China todo el mundo sueña por el potencial que tiene y es el más interesante porque todo va a pasar allí. Brasil e India son muy fuertes y atractivos, hay que ir, estudiar y empezar a competir…

¿Qué visión tiene de las prácticas enológicas que se realizan en los viñedos locales?

Cambió mucho la mentalidad de los productores y hay una generación de enólogos que trabajan muy bien, que tienen una obsesión por la calidad de la uva en los viñedos y en las prácticas. Hay que buscar diferenciaciones en los terruños, potenciar las virtudes de cada uno.

¿Cree que el paladar internacional se ha estandarizado, se ha globalizado?

Nunca. Eso no va a pasar jamás porque la globalización no existe. El vino es la vida de todos los días, hay gustos diferentes y terruños distintos. Está en la cabeza de algunos tipos un poco torcidos pero no existe en la realidad por que no es parte de la vida de todos los días. El vino nunca se va a globalizar. La Argentina tiene una variedad como el malbec emblemática en el mundo entero y tiene su personalidad y gusto internacional, que es reconocido tanto en los estados unidos como en China. Eso hay que aprovecharlo.
Fuente: Caminos del Vino


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