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Francia recupera el podio mundial del vino

Los vinos franceses recuperan el terreno que les ganó Italia en 2008, gracias al aumento de las exportaciones. la venta de vino a otros países se sitúa como una de las principales industrias nacionales, con una facturación superior a 9.000 millones de euros.


Hace tres años que el rey fue destronado de su podio. Otro rival europeo le arrebató el sillón que creía inexpugnable. 2008 fue un año con gusto amargo para los viñedos franceses. Una mala cosecha en tierra patria y una buena en la italiana, unido al descenso de las ventas y a la feroz competencia dentro y fuera de las fronteras europeas, le quitaron a la viña gala su hegemonía.

Con una producción de 552 millones de cajas de botellas al año, frente a las 485 millones de Francia, Italia ha lucido durante estos tres años el galón de primer productor mundial de vino, pero el privilegio se le ha acabado este año: el país del Bordeaux ha cerrado el paréntesis y ha devuelto el color a sus cosechas.

En el último lustro, la competencia por comerse el apetitoso pastel de la uva se ha intensificado. El trozo más dulce se lo zampan Francia, Italia y España, aunque cada vez hay más glotones dispuestos a arañar del dulce. Y ya no se quedan con las migajas. Países como Chile, Australia o Sudáfrica ya se han sumado al reparto y China, por ejemplo, ya ocupa la novena posición.

Si 2008 fue el año negro para la uva gala, 2010 ha marcado el fin de los stocks masivos y la reanudación de los pedidos, lo que se ha traducido en una reactivación del negocio. Por eso, aunque el país vecino no se confía, de momento saborea las mieles de la uva.

El principal factor de este éxito es el incremento de las ventas de caldos en el extranjero. En el último ejercicio, la producción francesa sumó 419 millones de cajas. Con una superficie de 800.000 hectáreas de viñedo, Francia representa el 11% del cultivo mundial. Los bodegueros consiguieron colocar un 18% más de vino fuera de sus fronteras. El tráfico de uva movió 9.000 millones de euros, según datos de la Federación francesa de exportadores de vinos y bebidas espirituosas de Francia (FEVS).

Aunque en Francia existen cerca de 300 denominaciones de origen controlado (AOC en sus siglas en francés), el consumidor de vino francés sigue siendo fiel a los clásicos. En el podio de exportaciones se alzan los vinos de las regiones de Borgoña y Burdeos. El vino bajo esta apelación se vendió un 14% más el año pasado. En concreto, 1,77 millones de hectolitros volaron fuera de Francia y sus productores se embolsaron un 17% más, hasta 1.510 millones de euros.

La cosecha de Borgoña también ha catado un buen ejercicio, con un aumento del 27% en sus ventas. Con una producción de 200 millones de botellas anuales por 28.000 habitantes, esta región, que representa sólo un 3% del campo de uva francés, ha generado en total 500 millones de euros en caldo.

El beaujolais se mantiene con un 3,6%, un dato pobre teniendo en cuenta las tres añadas excepcionales de 2008 a 2010. Los vinos de la región del Loira han crecido un 10% más (170 millones de euros en ventas) y los de Alsacia, un 8,7%, hasta los 99 millones de euros. Otras viñas, como la de Cote de Rhône y Languedoc Roussillon, han experimentado avances más modestos de sus exportaciones.

Por países
Asia y Estados Unidos son los paladares que más aprecian la uva gala, a juzgar por la cantidad de litros que importan. Los primeros han comprado un 78% más de vino y han aportado a las bodegas francesas 564 millones de euros. Aunque, según señalan desde la federación de exportadores de vino francés, hay que coger con pinzas esta excelencia de los mercados asiáticos ya que “no están aún construidos sólidamente”.

“Queda un trabajo duro de adaptación de los productos a la demanda de los nuevos mercados”, señalan en el organismo. Al otro lado del globo, el aumento ha sido del 25%, hasta 1.600 millones. Estados Unidos se ha convertido, de hecho, en el lugar del mundo donde más vino se consume, quitándole a Francia el puesto de país más bebedor. Con 329 millones de cajas distribuidas en 2010, frente a las 320 millones consumidas en suelo galo. Y eso que, per cápita, los franceses beben siete veces más.

Además de China y EEUU, los bodegueros franceses han empezado a mimar a otro país que se ha revelado como un cliente de excepción: Canadá. Según los datos de los exportadores, de aquí a 2014 el consumo de este tipo de alcohol en terreno francófono habrá aumentado un 52%, seis veces más que la media mundial (8,6%).

Durante estos tres años de hibernación en las cavas, Francia se ha diversificado y ha renovado sus bodegas. Aunque las cosechas de 2008 y 2009 le han dado el empujón que les faltaba, los viticultores han aprendido a adaptar y valorar mejor sus vinos en función de sus clientes con el objetivo de recuperar el terreno perdido.

En este sentido, la competencia por ofrecer el mejor vino a los cada vez más exigentes paladares es feroz. El consumidor ya no compra a ciegas en grandes superficies, sino que degusta in situ, rodeado de barricas y dispuesto a pagar más por mejor. Ya no buscan vino de mesa y barato, sino caldo de excelencia para degustar.

Por eso, ahora se mima mucho más la uva con el objetivo de ofrecerle al catador un producto diferente y de calidad. Dentro de esta estrategia, hay muchos productores que se han lanzado al cultivo ecológico de la uva y los vinos biológicos están haciéndose poco a poco con su parte del pastel dentro de Francia. Bajo la etiqueta AB, estos caldos elaborados a partir de uvas vírgenes están cada vez más presentes en los salones y en las mesas.

El futuro se presenta optimista y los productores, que confían en mantener el nivel este año, prevén una evolución de entre el 5% y el 7% en las ventas. En 2014, las exportaciones de vino francés en el mundo deberían ascender a 13.900 millones de euros, un 8,4% más que en 2009.

China, a la conquista de las viñas
No es sólo el gusto por su sabor sino por el negocio que genera lo que hace que China mire cada vez con mejores ojos el caldo francés. Según las previsiones de los productores, su consumo aumentará un 20% en los próximos tres años.

Por eso, el mercado asiático ya no se conforma sólo con comprar sino que ha decidido plantarse in situ para conocer de cerca el proceso. Es el primer país importador de vinos de Burdeos y, en los últimos años, los inversores chinos han ido haciéndose hueco. Ya cuentan con cinco importantes viñedos en esta zona, entre los que se encuentran el Chateau Latour Laguensa, adquirido en 2008, o el Chateau Richelieu (2009).

En 2010, compraron el prestigioso Cheng Lafitte y hace unos meses el grupo de alimentación Cofco sumó a la lista asiática el Chateau Viaud. Esta viña tiene una producción anual de entre 800 y 1.000 hectolitros de caldo. El objetivo del gigante empresarial, que ha pagado por el terreno una decena de millones de euros, es conocer la región de Burdeos, conservar el modelo de producción de vino y poder aplicarlo en casa. Con su marca Great Wall, este grupo es el líder del mercado de la distribución de vino en China y en los últimos años ha invertido en viñas de diferentes países con el fin de poder responder a la creciente demanda de clientes en terreno asiático.

El caldo se aburguesa
Ahora se bebe menos que antes pero mejor. El consumo de vino en Francia, que hasta hace poco detentaba el título de líder, se ha dividido por dos en los últimos 40 años, según los últimos datos del Insee, el instituto de estadística francés. Se ha pasado del consumo corriente a un consumo de calidad superior.

El paladar se ha aburguesado y como consecuencia, también el caldo. El vino de mesa ha caído en picado. Ahora, representa poco más del 10% de la producción, mientras que hace veinte años era el 65%. Del batacazo del vino pobre se han beneficiado los ricos: las bebidas con denominación de origen y los vinos del país. Además, los hábitos también se han aburguesado. Aunque aún se sigue comprando caldo en las grandes superficies, ahora se adquieren cada vez más botellas en las bodegas y en casa del propio productor. Y si un 58% compra el vino para consumirlo inmediatamente, ya hay un 41% que lo hace para hacerlo envejecer.

Los expertos del sector también atribuyen el descenso del consumo en los últimos años al cambio en la imagen que tienen los franceses de este tipo de alcohol: ha pasado de ser considerado un producto de la tierra, símbolo de la identidad gastronómica de Francia, a ser percibido como una bebida con riesgos para la salud.

Los franceses lo prefieren tinto
Por colores, el 71% de los franceses lo prefieren tinto. Según un estudio realizado por el salón del vino winefair.com, el rojo sigue siendo el favorito de los amantes del buen caldo. Son sobre todo los hombres (74%) los que se decantan por este color, frente al 62% de mujeres.

El vino blanco obtiene un 25% de votos mientras que el consumo de rosado sigue siendo minoritario y sólo un 4% lo bebe. Aunque no son los tintos ni los blancos, sino precisamente el patito feo de las viñas, que ha sido objeto de campañas de promoción estos últimos años, el que ha visto ascender su popularidad.

Según los datos de Vinexpo, el consumo de rosados se ha convertido en casi planetaria, cuando hasta hace poco eran sólo los franceses y los residentes de países mediterráneos los que lo bebían. Pero aún, le queda terreno para adelantar a los otros dos colores en el podio.
Fuente: Expansión


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