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Lavalle produce vinos caseros bajo una nueva marca colectiva: Huellas del Vino

Luego de siete años de trabajo, los elaboradores de vino casero de Lavalle lograron la creación de una marca colectiva denominada Huellas del Vino, a través de la cual podrán ser identificados como producto específico dentro de la amplia variedad de vinos de origen mendocino.

Además, debido al crecimiento de la cantidad de emprendimientos familiares que surgieron en ese lapso, el Instituto Nacional de Vitivinicultura creó un régimen especial para registrarlos, en el marco de la resolución C45/10. Esto significa que deben cumplir con estándares de calidad determinados y que pueden elevar la cantidad de litros producidos por año.

Esto se debe a que antes del 2003, se consideraba producción casera hasta 4.000 litros de vino elaborados por año, pero después de la mejora en la calidad de este tipo de vino y el crecimiento de la demanda, podrán vinificar hasta 12 mil litros por año.

El dato no es menor, ya que el proyecto de convertir en negocio una vieja tradición familiar como son los vinos caseros nació con apenas cuatro productores que empezaron poco a poco a superar etapas: primero se inscribieron como productores en el INV, luego hicieron talleres en los que aprendieron a ajustar sus conocimientos, heredados de padres o abuelos, a las exigencias bromatológicas y de presentación necesarias para salir a la venta y ahora están en pleno desarrollo de mejores canales de comercialización.

Hoy el grupo está formado por 86 lavallinos, entre ellos Rodrigo Flaquer, de 27 años, futuro enólogo y productor de varios tipos de vino casero y algunos varietales.

“Mi papá trabajó durante 25 años haciendo vinos caseros y los vendíamos a los vecinos o clientes fijos que nos conocían en damajuana, sin etiqueta ni nada. Nunca creí que podríamos hacer algo mejor hasta que empezó la inscripción ante el INV. Hemos ido creciendo despacio y ahora ya tenemos una marca propia”, relata el joven que alguna vez pensó en irse a trabajar a España.

El vino casero se distingue de cualquier otro buen vino por su aroma intenso a uva, su grado alcohólico puede ser un tanto mayor a los 13° y fundamentalmente no tiene ninguna intervención en el proceso de elaboración, como puede ser agregado de levaduras o los famosos chips de sabor.

También el vino casero trajo por Lavalle inversionistas como Guillermo Brown, santafesino dedicado al cultivo de la soja y cría de ganado vacuno.

Brown vio una posibilidad de colocar este tipo de vinos y por eso compró el año pasado una finca en El Vergel, dentro de la cual tiene plantaciones de oliva y uva syrah.

Allí su mano derecha es Cayetano Mazzeo (59), otro lavallino que conoce todos los secretos para lograr un buen caldo, tal cual le enseñó en su infancia el abuelo Gaetano Fazio.

Tanto Brown como Mazzeo están en plena elaboración de su primer año de cosecha dentro del proyecto Huellas del Vino, con el cual esperan ganarse un lugar en el mercado.

Fuente: Ecocuyo


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