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Investigan combate a parásito destructor de viñedos

Científicos españoles han iniciado una investigación para desarrollar un dispositivo capaz de detectar la infección de los viñedos llamada ‘flavescencia dorada’, una enfermedad que deseca las plantas y que ya ha sido detectada en Girona.

La enfermedad, que procede de América del Norte, afecta en la actualidad a la mitad de los viñedos de Francia, y ya ha sido detectada en otros países europeos como Italia, Suiza, Eslovenia y Portugal durante los últimos años, está provocada por un fitoplasma que se propaga por la acción de un insecto volador.

La flavescencia dorada se desencadena cuando el organismo unicelular se instala en la sabia de la planta, produciendo su desecación paulatina y la consiguiente reducción de su productividad, en un proceso que puede llegar a matar a la cepa.

El proyecto –conocido con el nombre de Visitens– está coordinado por el Centre de Recerca i Investigación de Catalunya (Cric) y en él participan otras siete instituciones de seis países europeos, con un presupuesto global de 1,44 millones de euros, de los que 1,09 millones están financiados por la Unión Europea (UE).

En declaraciones a Europa Press, la coordinadora del proyecto, Irene González Martín, ha explicado que, pese a la posibilidad de usar pesticidas para combatir el vector transmisor de la plaga –el insecto ‘Scaphoideus titanus’–, la solución actual pasa por la erradicación de las cepas, con el consiguiente impacto económico en la producción vitivinícola de los agricultores afectados.

La incidencia de la enfermedad “crece rápidamente” siguiendo patrones epidémicos y tiene un potencial catastrófico sobre las ganancias económicas de los productores, según cálculos desarrollados por expertos que cifran en 3,2 millones de euros las pérdidas potenciales en países con unas 400 hectáreas afectadas.

Dichos cálculos parten de que un agricultor medio con 4.000 viñas por hectárea y una producción de 9.800 litros de vino obtiene unas ganancias anuales alrededor de los 12.000 euros, y tiene en cuenta que una vez infectada la plantación se hace necesario un proceso de sustitución de las viñas que se prolonga durante tres años hasta volver a dar frutos.

El detector, con un coste previsto por test de entre 140 y 260 euros, será portátil y por tanto lo podrán aplicar los mismos agricultores en el campo, con el objetivo de detectar el fitoplasma y aplicar las medidas pertinentes para frenar la expansión de la enfermedad.

Los países europeos concentran el 45% de los viñedos existentes a nivel mundial, lo que les convierte en la región que más vino produce y consume globalmente.
Fuente: Europapress


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