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En busca de los genes que conducen al alcoholismo

Estudios podrían facilitar la identificación de fármacos que ayuden a pacientes a tratar la adicción según su ADN.

Millones de personas saben en carne propia que el alcoholismo es hereditario.

Los hijos de padres alcohólicos son cuatro veces más propensos a desarrollar problemas con la bebida que el resto de la población. Incluso bebés de alcohólicos que son adoptados por hogares donde no se bebe sufren casi el mismo riesgo de alcoholismo que si hubieran vivido con sus padres biológicos, muestran los estudios.

Pero determinar qué genes generan una predisposición a tener problemas con el licor es extremadamente difícil. Los genes que afectan a la rapidez con la que el hígado metaboliza el alcohol y el cerebro reacciona al estrés, la recompensa y el placer están implicados al igual que los genes de la ansiedad y depresión. Las influencias ambientales y las presiones sociales también juegan un papel fundamental.

“Con mucha frecuencia se lee que han encontrado un gen para esto y aquello, y muy rara vez es tan sencillo”, sostiene Howard J. Edenberg, un distinguido profesor de bioquímica y biología molecular en la Universidad de Indiana y uno de los cuatro principales investigadores en el Estudio Colaborativo sobre la Genética del Alcoholismo (COGA), financiado por el gobierno. Desde 1989, COGA ha estado siguiendo el tema en familias y ha entrevistado a más de 14,000 personas y tomado muestras del ADN de 262 familias. Sus investigadores han hallado evidencia de varios genes relacionados al alcohol y están cada vez más convencidos de que diferentes tipos de alcohólicos reflejan muchas variaciones genéticas.

Esa idea ya se ve prometedora en un área: la identificación de fármacos que pueden ayudar a tratar a los alcohólicos en función de su perfil individual de ADN. En la actualidad, los fármacos para tratar la adicción buscan reducir el deseo de beber, pero no funcionan para todos. Pero, según los expertos, eso podría cambiar si los medicamentos pueden atacar diferentes tipos de alcoholismo.

En uno de los primeros estudios de este tipo publicado en el American Journal of Psychiatry en enero, los alcohólicos con dos variaciones específicas de un gen para el neurotransmisor serotonina fueron capaces de reducir su consumo de alcohol de manera significativa con la droga ondansetron. El medicamento contra la náusea de uso frecuente en los tratamientos de cáncer, también conocido como Zofran, bloquea los receptores de serotonina y parece disminuir la emoción que algunos alcohólicos obtienen de la bebida.

“Imagine este escenario: va a su médico y le dice ‘estoy bebiendo y necesito ayuda”, explica Bankole Johnson, director de psiquiatría y ciencias del comportamiento en la Universidad de Virginia y autor principal del estudio. “El médico puede hacerle un análisis de sangre y si encaja en el perfil, puede conseguir las pastillas al día siguiente y es muy probable que sean efectivas. Si no, no pierde el tiempo con el medicamento”.

Varios estudios en adictos al alcohol tratados con naltrexona encontraron que aquellos con una variación del gen receptor de opioides tenían una mucho menor tasa de recaída que los que tenían una variación diferente. El fármaco Naltrexone parece reducir el deseo al bloquear la liberación de opioides que los adictos obtienen del alcohol.

Otros estudios han arrojado resultados mixtos. De hecho, tales asociaciones se encuentran a menudo en un estudio y no en otros. “Con una enfermedad como el alcoholismo, donde decenas o cientos de genes podrían tener un pequeño impacto, encontrar alguno de ellos en el tamaño de los estudios que estamos haciendo, tiene que ser una especie de suerte”, dice Edenberg.

Hasta la fecha, las asociaciones más fuertes de genes encontradas implican al llamado rubor oriental (reacción alterada aguda al alcohol). Cerca de 40% de las personas de origen asiático lleva una o dos variaciones genéticas que rápidamente convierten el alcohol en el químico acetaldehído, que causa náusea, taquicardia y un fuerte enrojecimiento. Es un potente disuasivo de consumo de alcohol, igual que el fármaco disulfiram o Antabuse.

“Ni siquiera necesita una prueba genética para detectarlo”, dice David Goldman, jefe del Laboratorio de Neurogenética del Instituto Nacional de Abuso de Alcohol y Alcoholismo. “Si tiene una cena y alguien tiene esta variación, se pondrá rojo en cuanto se beba un vaso de vino”.

Investigadores de la Universidad Chapel Hill de Carolina del Norte han identificado un “gen alegre” similar que hace que los que lo tienen se sientan embriagados con sólo uno o dos tragos. Entre 10% y 20% de la población tiene esta variante, que se cree que protege contra la adicción al alcohol.

Al igual que el rubor oriental, algunos genes relacionados con el alcohol son particularmente frecuentes en ciertos grupos étnicos o geográficos. Un estudio reciente en la revista Nature halló que una variante poco frecuente en el gen HTR2b vinculado a la impulsividad se encuentra casi exclusivamente en los finlandeses. “Casi todas estas personas gravemente impulsivas son también alcohólicas y sus peores problemas ocurrieron mientras estaban borrachos”, declara Goldman.

Se desconoce tanto aún el tema que la mayoría de los expertos aconseja a los consumidores no utilizar servicios comerciales de pruebas genéticas para tratar de entender su riesgo a enfermedades complejas como el alcoholismo.

“Incluso si sabe que tiene una versión protectora de algún gen, todavía puede ser vulnerable debido a otro gen que aún no hemos descubierto”, asegura Goldman que añade que cualquiera con un historial familiar de alcoholismo debería abordar el alcohol con prudencia.


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