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Vitivinicultura argentina ante problemas estructurales

Las bodegas están acuciadas por un problema de costos, una especie de tenaza que puede hacer sucumbir a varios. El problema viene derivado del crecimiento de los costos internos.

La industria vitivinícola argentina cerró otro año en el que se vendieron menos litros de vino tanto en el mercado interno como en el mercado externo. Si bien todo tiene explicación, nadie atina a responder si la baja se está transformando en una cuestión de tendencia estructural o es solo coyuntural.

Es más, el año, en el mercado interno, terminó con una recuperación por una suba inesperada de venta de vinos blancos. Esta recuperación de este tipo de vinos, que venía en franca caída, tampoco ha sido objeto de explicación, en el sentido de ser una golondrina que no hace verano o un atisbo de recuperación.

Nadie puede dudar del cambio cualitativo experimentado por la industria en los últimos 15 años. Estos cambios, que empezaron hace más tiempo, comenzaron con mejoras sustanciales en la forma de manejar el viñedo y luego los cambios tecnológicos dentro de las bodegas para aprovechar al máximo el potencial entregado por la viña.

Estos cambios y las mejoras en las calidades de nuestros vinos se han visto reflejados en el aumento de las exportaciones y en la mejora de los precios obtenidos. Incluso, se ha ido produciendo un vuelco productivo, aunque desordenado, dejando atrás ciertas variedades antiguas para introducir otras mejor valoradas.

También han aparecido nuevas zonas mimadas. De la tradicional “primera zona” como se denomina a la zona alta del río Mendoza, aparecieron zonas muy especificas en Luján, Tupungato, Rivadavia, Tunuyán, San Carlos donde la introducción de riego por goteo permitió avanzar sobre zonas más altas.

En la actualidad, la variedad Malbec se ha convertido en la más representativa de Argentina y está siendo acompañada, como variedad distintiva por el Torrontés.

Con todo esto, las exportaciones representan cerca del 10% del total de la producción, lo que significa que el gran mercado de la vitivinicultura nacional es el mercado interno. Este mercado interno viene mostrando hace varios años un cambio cualitativo en sus tendencias: mientras caen las ventas de vinos básicos en envases de cartón, crecen las ventas en el segmento de vinos embotellados, en la franja de 10 a 20 pesos. Se toma menos pero mejor.

Tradiciones que traicionan

A pesar de los cambios generados, hay reconocer que no son muchas las bodegas que han mejorado su tecnología y tampoco son todos los viñedos los que han generado los cambios. Además, se sigue sosteniendo una estructura de minifundios de baja productividad que no sirven como unidad económica que son sostenidos con fondos especiales pero que, al final, terminan siendo vendidos para construir barrios privados.

Muchos viñedos no han cambiado porque el equívoco mensaje del acuerdo Mendoza-San Juan ha mandado un mensaje negativo para cambiar.

Por otra parte, seguimos manteniendo abiertas a cientos de bodegas que, en la actualidad, no deberían mantenerse habilitadas por carecer de condiciones mínimas. Hoy no tener equipo de frío debería implicar no estar en condiciones para recibir uvas. Estos bodegueros aducen que no hay créditos a largo plazo y que ni el Fondo para la Transformación se los provee.

Están apareciendo algunas iniciativas de integración, pero la realidad es que por la estructura económica, la industria se está transformando cada vez más en una industria de escala con producciones bien diferenciadas.

El problema de los costos

Hace unos días, un dirigente importante de la industria decía en una charla informal que la actividad tiene dos tipos de productos: unos con valor agregado y otros con costos agregados. Los primeros son los vinos embotellaos, donde se puede hacer pesar el valor de una marca y una posición en el mercado. Los otros son las comoditties, como vinos a granel, uva en fresco, pasas y mostos, donde se agregan costos y hay que estar a expensas de las variables de mercado, donde no hay posición de marca para defender. El problema es que hoy ambos tipos de productos tienen un serio problema de rentabilidad.

En la realidad actual, las bodegas están acuciadas por un problema de costos, una especie de tenaza que puede hacer sucumbir a varios. El problema viene derivado del crecimiento de los costos internos. Todos los denominados insumos secos (botellas, corchos, tapas, cápsulas) más fletes y salarios están creciendo mientras la paridad cambiaria se ha mantenido casi fija. Además, las empresas que venden tiene que financiar casi cinco meses) desde la compra del vino y los insumos hasta la cobranza final) con costos financieros muy altos, tanto en pesos como en dólares.

Los que, por ahora, han podido mantenerse, son las empresas que tienen un cierto equilibrio entre mercado interno y externo. Incluso, algunos señalan que estas bodegas han podido financiar el déficit que les genera el mercado eterno aumentando los precios en el mercado interno. Hasta ahora la ecuación les ha salido equilibrada, porque la caída de las ventas ha sido menor que el aumento de precios, pero el mercado no se estira mucho más y nadie sabe durante cuánto tiempo podrán apelar a este mix financiero.

Los dirigentes vitivinícolas están preocupados porque, si bien los mercados externos están mostrando buenas posibilidades para nuestros productos, muchas empresas pueden sufrir serios colapsos en el corto plazo.
Fuente: Los Andes


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