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Finca Flichman cumple 100 años

Finca Flichman cumple sus primeros 100 años de vida. La empresa no fue creada por un español ni por un italiano: nació de la pasión del inmigrante polaco Sami Flichman, nacido en 1871 en Lodz. Sami había llegado en 1889, con un montón de sueños por realizar. Apenas un año más tarde, en 1890, compró en la localidad mendocina de Guaymallén la modesta bodega “La Banderita “, donde hizo sus primeras armas con el vino, con procedimientos todavía rudimentarios. Pero el avanzado no se detenía y fundó La Gran Casa Colorada, un típico almacén de campaña donde se vendía de todo. Sin escatimar esfuerzos, trabajó noche y día hasta convertirlo en una sólida fuente de ingresos.

No tardó en dedicarse de lleno a la viniviticultura. Los despaciosos trenes cargados con uvas de sus viñedos cruzaban todo el país. El fundador no sabía de obstáculos y cumplió empecinadamente con su sueño. En 1910, año del Centenario, da un paso adelante y funda Finca Flichman. En la década del 20, amplió su territorio adquiriendo Bodegas y Viñedos y una planta fraccionadora en La Paternal, barrio donde por los años 30 se ubicaban la mayor parte de las bodegas cuyanas.

Lo sucedió su hijo Isaac, enólogo de profesión, que cuando la actividad de la empresa se centraba en la producción de vinos comunes y a granel para terceros, dio un fundamental paso adelante. Y fue creador, junto al legendario winemaker Raúl de la Mota, del primer vino fino de la Argentina: Caballero de la Cepa.

Soplaron nuevos vientos. En 1998 la bodega cambió de mano y fue adquirida por el grupo portugués Sogrape, que, incorporando nuevas y sofisticadas tecnologías, decidió respetar aquella tradición. Los nuevos propietarios empezaron por reflotar el vino insignia. Aunque también añadieron nuevas etiquetas. Los cien años los sorprenden con una vasta extensión vitivinícola representada por 650 hectáreas en Barrancas, a 700 metros de altura, y 300 en Tupungato, Valle de Uco, a 1100 metros, con una capacidad total de 24 mil litros divididos en 4 bodegas: Barrancas, Perdriel, Carrodilla y Junín. Si se trata de embotellar, podrían liquidar 16.000 corchos por hora.

Fuente: Ecocuyo


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