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Dom Perignon vuelve a ser noticia

Cuenta la historia que Dom Pierre Perignon vivió entre 1638 y 1715 en la región de la Champaña, Francia. Este monje benedictino, a quien se le atribuye la invención del método para la fabricación del champán, produjo -tal vez involuntariamente- el famoso método champenoise.

Al parecer, después de probar la bebida contenida en una de las botellas estacionadas en el sótano, exclamó: ¡Venid pronto, estoy bebiendo las estrellas!, precisamente aludiendo a las burbujas producidas por la fermentación del vino.

A partir de allí cambió la historia de la vitivinicultura mundial, con la producción de este elixir  festivo por excelencia, que únicamente puede denominarse “champagne” en Francia, justamente por un tema de denominación de origen. Pero por todo el mundo existen versiones de los vinos espumantes con nombres específicos.

Después de aquel descubrimiento el nombre del monje francés le puso marca al champagne más prestigioso del mundo, producido por la casa Moet & Chandon , en cuya bodega (En Epernay) hoy se puede ver un momento al personaje . La primera cosecha de Dom Perignon fue de 1921 y  fue puesta a la venta en 1936. Hoy sigue siendo un ícono .

Y más allá de diferentes estilos,  con más o menos azúcar, cepajes -principalmente chardonnay y  pinot noir-, y métodos de elaboración, charmat o champenoise, la esencia sigue siendo la misma.

Pero ahora resulta que investigadores franceses dieron en la tecla con la manera en la que mejor se disfruta este espumante, lo cual está directamente relacionado con la manera en la que se sirve y, claro está, en la temperatura.

Gérard Liger-Belair y sus colegas realizaron una serie de experimentos -sobre la pérdida de burbujas en el proceso- para medir el efecto que tienen las dos formas de servir el champán. Llegaron a la conclusión de que se conservan más burbujas y mejora el sabor cuando el vino se vierte sobre la pared de la copa y no directamente al fondo.

Este método (que denominaron cervecero), consiste en inclinar la copa y verter el champán sobre la pared de la misma, de manera que, a medida que se llena el recipiente, éste va recuperando su verticalidad. Esto genera menos turbulencia en la bebida y menos espuma.

La noticia acaba de ser publicada como primicia en el diario español El País y seguramente muchos españoles la pondrán en práctica para Año Nuevo, cuando descorchen en sus cavas. Así, varios siglos después de su creación, la invención de este francés vuelve a ser noticia. Veremos si surte efecto en Mendoza, la cuna del espumante en nuestro país.

Fuente: Los Andes


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