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Un vino, mil charlas

La campaña a favor del consumo de vino que se inició días pasados puede constituir un apoyo importante para recuperar las ventas. Pero la industria en general debe comprender que la mejor publicidad es vender vinos de calidad en cualquier franja de precios.

Nadie puede poner en dudas que la vitivinicultura argentina ha sufrido un cambio exponencial en los últimos años. Porque si bien se ha producido una caída importante en el consumo del mercado interno -situación que también se presenta en el resto de los países vitivinícolas- se ha logrado un crecimiento sustancial, favorable por cierto, en las exportaciones, que superan actualmente los mil millones de dólares.

En ese marco de situación es que días pasados comenzó una campaña televisiva y a través de internet, destinada a recuperar el consumo entre los argentinos.

La campaña tiene como destino volver a poner al vino como centro de la conversación de la familia, abordando temas cotidianos en “mil charlas” referidas al truco, al fútbol, los feriados que se corren al lunes o el colesterol bueno, entre otros aspectos. La intención, según los organizadores, es insertarlos en los canales de televisión desde antes de las Fiestas y durante gran parte de 2011.

La iniciativa es interesante en razón de que se trata de reposicionar al vino en la mesa familiar, pero también hay aspectos que no pueden dejarse de lado. Es el caso de la inversión, ya que mientras en el vino se estima un presupuesto total de 12 millones de pesos, la cerveza -por el solo hecho de estar concentrada en pocas marcas- tiene una inversión 10 veces más en publicidad.

Precisamente es la cerveza la principal competidora del vino. Debe recordarse, a modo de información, que durante la década del 60 a la del 70, el consumo per cápita en la Argentina llegaba a los 90 litros anuales y que actualmente no alcanza a los 30 litros.

Entre las causantes pueden señalarse el cambio de hábitos de la gente y el ingreso masivo de bebidas sustitutas, ya que a la cerveza habría que agregarle las gaseosas, los jugos, los amargos o el agua mineral.

Sin embargo, más allá de la publicidad genérica, que puede resultar beneficiosa, la industria debería replantearse un aspecto no menos importante.

Porque si bien hay una franja de vinos que ha priorizado la calidad para ofrecer un mejor producto al consumidor, existe todavía una porción importante que continúa trabajando como se hacía en aquella época de los 60/70, en que se imponía la cantidad por sobre la calidad.

No realiza la necesaria incorporación de tecnología en bodegas y no se suma a los objetivos fijados por el grueso de la industria. En ese marco de situación, entonces, al consumidor le resulta muchas veces dificultoso abonar el doble de precio por un vino que no alcanza la calidad que exige, frente a una cerveza que si bien es mucho más estandarizada, atrae por una cuestión -por ahora económica- pero que en forma inquietante se va convirtiendo en una tendencia.

El objetivo de la industria es, entonces, modificar esa tendencia bajista en el consumo local. La publicidad puede contribuir al igual que la declaración del Poder Ejecutivo de designar al vino como bebida nacional. Pero el gran cambio debe producirse en el seno de la industria y estar dirigido a mejorar el producto que se ofrece.

Para ello hace falta que algunos -afortunadamente los menos- modifiquen su mentalidad y piensen en la calidad, cualquiera sea la franja de precios a la que van dirigidos. Ya hay muchos que lo han comprendido.

Por lo menos 20 bodegas que elaboran vinos básicos están incorporando tecnología y es de esperar que “todos” se sumen a esa misma iniciativa. Será para bien de la industria en particular y de los mendocinos en general, porque el vino es el que mejor distribuye la riqueza que genera.

Fuente: Los Andes


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