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El ecologismo es un buen negocio

Jean-Charles Boisset, heredero del mayor imperio vinatero de Borgoña, ha sido apodado ‘Mr. Pinot Noir’ por su entusiasmo por la uva que cultiva a ambos lados del Atlántico. A sus 41 años, tras pasar gran parte de su juventud en California -tomando el sol, haciendo ‘surf’ y obteniendo un título universitario en administración de empresas- vive según unas pocas reglas que aprendió cuando era niño. “Somos los guardianes de la Tierra, cosa que aprendí de mis abuelas”, dice Boisset, que el año pasado unió su dinastía con otra famosa, pero ésta estadounidense, al casarse con Gina Gallo.

Durante su infancia en Vougeot, una de sus abuelas, profesora de ciencias, “me enseñó sobre la naturaleza, sobre la importancia de cada parte de la naturaleza: los insectos, las plantas… Y de ella aprendí realmente agricultura orgánica y biodinámica”.

Su otra abuela le enseñó sobre el reciclaje.

“Yo era un niño pequeño, tal vez de ocho años, y estaba guisando con ella en la cocina. Y tomé un pedazo de hoja de aluminio y la tiré a la basura”. Tirándose de la oreja, Boisset continúa: “Ella se me acercó y dijo: ‘Jean-Charles, ¿qué estás haciendo? Este pequeño pedazo de aluminio puede ser utilizado muchas, muchas veces. Así que en lugar de tirarlo a la basura, ¿por qué lo limpias?'”.

Los ojos azules de Boisset se iluminan al recordar el momento en que se enteró de que un 70% de los cerca de 31.000 millones de botellas de vino que se beben cada año en el mundo se venden por 8 euros o menos por botella. “Y de ese 70%, otro 70% se bebe en un palso de entre media hora y tres horas”.

Añade: “Alrededor del 70% del costo de una botella de vino es el envase, el transporte, el etiquetado, todo eso. Eso significa que el vino en el interior representa sólo el 30% del costo de esa botella. ¿Y si pudiéramos reducir ese 70% e invertir ese dinero en la calidad del vino?”.

Y eso es más o menos lo que ha tratado de hacer en algunas de las bodegas que su familia posee en Francia y California.

Centrándose en la reducción de la huella de carbono de la empresa, puso vinos varietales pinot noir, cabernet sauvignon, merlot y chardonnay de Languedoc-Rosellón en un envases de cartón laminado de un litro, el mismo tipo de envases del que beben zumos los niños. Boisset también embotelló un merlot de California, el Fog Mountain, en botellas de un litro de tereftalato de polietileno (PET), el mismo tipo de botellas de plástico reciclables que se emplea para las bebidas gaseosas.

Para los consumidores, significa disponer de más vino en recipientes irrompibles, ligeros que son fáciles de llevar a un picnic campestre. Para Boisset, significa una caída drástica de los costes de envío y envase y la reducción de la huella de carbono. Y por sus logroscon los envases, la revista ‘Wine Enthusiast’ le dio en 2009 su primer trofeo al Innovador del Año.

Otra iniciativa reciente consiste en colocar pequeñas barricas de roble, forradas con vejigas de plástico reutilizables llenas de vinos de su bodega -con certificación ecológica- DeLoach, en las barras de los restaurantes para que los clientes pueden tomar vino por copas. Y su Beaujolais Nouveau Mommessin 2010 saldrá a finales de este mes embotellado en botellas de vidrio más ligeras.

“Lo importante, en todos estos diferentes envases, es que el vino sea de buena calidad. La calidad es lo que nos diferencia. Y el envase es una manera, al igual que la viticultura ecológica o biodinámica de respetar la naturaleza”, dice.

Boisset concibe su imperio del vino, que también tiene participaciones en Italia y una empresa conjunta en Canadá, como “realmente, una pequeña empresa familiar”, que dirige junto a su hermana Nathalie. Y non esconde el hecho de que que algunos de sus vinos, que se venden por mucho más de 8 euros la botella, como los Bonnes Mares Grand Cru o Musigny Grand Cru del Domaine de la Vougeraie, deben ir envasados en botellas de vidrio tradicionales.

“La forma en que hacemos las cosas hoy en día, la forma en que vivimos hoy, no es como la forma en que se hicieron hace siglos. Y no creo que uno tenga que asociar el vino con el esnobismo y la pretenciosidad. Tiene que ser divertido y eso es lo que yo trato de hacer… manteniendo siempre el respeto por la naturaleza “, concluye.

 Fuente: Reuters


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