RSS

Una dura sorpresa

Nadie esperaba una helada tardía como la que se produjo el lunes anterior y que afectó a distintas zonas de la provincia. Pocos se animan a evaluar los daños definitivos.

Fue una sorpresa más que desagradable. Nadie -entre los que me incluyo- esperaba una helada tardía de las características de la del lunes pasado. Porque el único antecedente de un fenómeno climático de esa naturaleza se remontaba al 4 de noviembre de 1992, cuando los daños provocados generaron una producción de uva que alcanzó sólo el 30 por ciento de la “normal”, llegando a poco más de 9 millones de quintales. De allí que los técnicos y especialistas solían esperar a que pasara la primera semana de noviembre para evaluar la próxima cosecha, tanto en calidad como en cantidad.

Pero lo sucedido entre el domingo 8 y lunes 9 del actual tuvo características especiales porque el domingo un viento Zonda de características inusuales -por su duración y ráfagas- preocupó a los viñateros porque -dicen- favoreció el corrimiento de las uvas y la pérdida de flores. A renglón seguido la helada afectó a distintas zonas de la provincia.

No son muchos los dirigentes que arriesgan a evaluar los daños en las vides.

“Fueron pérdidas puntuales porque no se dio en forma general y podríamos señalar que los daños fueron más cualitativos, porque afectó a variedades nobles, que cuantitativos”, dijo Juan Carlos Pina, de Bodegas de Argentina, agregando que era necesario esperar para realizar una evaluación definitiva.

“Por lo que tenemos entendido, la helada afectó esencialmente a los varietales porque fue más generalizada en la primera zona, mientras en el Este fue más sectorizada aunque también preocupante”, destacó Sergio Villanueva, de la Unión Vitivinícola Argentina.

“Estamos preocupados porque los daños fueron severos pero hay daños visibles y otros invisibles. Los visibles, los que vemos en las plantas ahora y los invisibles, cuando cosechemos y veamos cuánto cayó la producción”, dijo Mauro Sosa, del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este.

Más allá de las opiniones “oficiales” de los sectores, se supo que la helada provocó problemas, especialmente en los varietales en Ugarteche, Perdriel, parte de Maipú y del Valle de Uco, aunque se advirtió que “si no hubo problemas aún mayores fue porque el punto de rocío subió y disminuyó la fuerza de la helada”.

En la zona Este, trascendió que el fenómeno climático del lunes pasado se sumó al del 30 de octubre, con lo que se terminó de completar el mosaico de daños, afectando especialmente a la casi totalidad de Montecaseros, gran parte de Chapanay, Gustavo André, en Lavalle y Medrano y La Central, en Rivadavia. Según los productores, los daños podrían haber alcanzado entre un 10 hasta un 30 ó 40 por ciento, pero son estimaciones demasiado apresuradas, ya que serán los días los que irán marcando la realidad.

La naturaleza, entonces, ha modificado algunas expectativas, un aspecto al que debe sumarse un hecho no menos importante. Se asegura que en Estados Unidos los productores han preferido destinar la uva para pasas en lugar de mosto, en la diversificación y que hubo un incremento importante en los precios del jugo de manzanas, que también suele ser utilizado como edulcorante. “Esto abre nuevas expectativas para el mosto argentino”, señaló un dirigente.

El nuevo escenario también abre otras variables y cualquier decisión inmediata puede llevar a errores. Es el caso de la reunión que semanas atrás se realizó en el Este, en el que hubo posiciones tendientes a reclamar un precio mínimo para el vino -de lo que hicimos alusión en nuestra nota anterior- o de un proyecto de declaración, presentado en la Legislatura por un legislador de la zona Este, que señalaba la intención de establecer valores mínimos para el kilo de uva. Si bien esos proyectos de “declaración”, sólo tienen el peso de las buenas intenciones, también debe señalarse que en los hechos era una punta de lanza sobre posibles planteos futuros.

Otros temas

Si bien el principal tema de conversación de la semana estuvo centrado en la helada, hubo otros aspectos no menos interesantes que ganaron las mesas de los cafés.

En el primero de los casos, se sigue insistiendo en la necesidad de establecer pautas concretas para mejorar la calidad de los vinos y algunos están hablando de la posibilidad de incrementar la relación uva-vino, porcentajes a borras, exigencias sobre la acidez volátil y el PH. “No se trata de una cuestión personal de alguna entidad sino de impulsar normas que tiendan a establecer una mejor relación precio-calidad en los caldos, porque en definitiva esta decisión también resultará beneficiosa para el productor”, dijo un bodeguero.

A modo de ejemplo, el mismo industrial recordaba que en los vinos de media y alta gama existe una competencia leal y profunda entre las empresas para establecer vinos de mayor calidad y adaptándose a las nuevas exigencias de los consumidores.
 
“Ahora no podemos hablar de mercado interno y externo porque estaríamos equivocándonos. El consumidor argentino está en un nivel similar de conocimientos que el de los países más exigentes y por eso nos reclama las mejoras”, señaló un empresario durante la presentación de un nuevo vino en su bodega de Luján. Expresó entonces que ese desafío que se observa en los vinos de alta gama también debe permear hacia abajo, en los de valores más accesibles.

“Hay gente que está trabajando bien con los cerezas flotados o con los cortes de criollas con moscatel y todo surge también de que han incorporado tecnología en bodegas. La franja de consumo es amplísima y estamos en condiciones de cubrirla en su totalidad”, destacó.

El tema final del comentario es para una amenaza que se advierte en un horizonte de mediano plazo. Es tal el prestigio alcanzado por el malbec argentino que algunos países están implantando el varietal.
 
Es el caso de Chile, en especial, un país que no puede imponer con fuerza su carmenére; de Estados Unidos, que busca en forma permanente seducir con novedades al consumidor y una situación que también se está trasladando a los países del viejo mundo, que están buscando imponer un mix y variando paulatinamente de aquella defensa acérrima de las denominaciones de origen para también incursionar en los varietales.

Al decir de los profesionales consultados, resultará difícil que los malbec de otros países alcancen la calidad de los argentinos, “porque en Mendoza el varietal encontró el terruño y el clima ideal”, pero no descartan la posibilidad de que, también en el malbec, el mercado sea más competitivo.

En este caso, si bien las estrategias comerciales son propias de cada bodega (se están elaborando vinos exquisitos con cortes en los que el malbec lleva el mayor porcentaje), hay algunos que están pensando en la posibilidad de establecer, también en la Argentina un mix varietal-denominación de origen, aprovechando las amplísimas posibilidades que brindan las tierras de Luján, Maipú y el Valle de Uco.

La industria vitivinícola está expuesta a permanentes cambios. Tanto en el plano de la producción, donde los accidentes climáticos tienen una incidencia plena; en la elaboración, buscando vinos cada vez más suaves, frutados, fáciles de tomar y en las estrategias de mercado, ante las nuevas amenazas que se plantean en el orden internacional.

Fuente: Los Andes


Comments are closed.