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Importancia del censo vitivinícola

La realización del censo vitivinícola previsto para este año, puede constituir una inmejorable oportunidad para la industria porque podrá conocerse cuántas hectáreas están cultivadas y de qué varietales. A partir de allí será posible establecer nuevas estrategias.

Días pasados, el titular del Instituto Nacional de Vitivinicultura anunció la puesta en marcha del Censo Vitivinícola 2010 que, por primera vez en la historia, incluirá el geoposicionamiento de las propiedades, que se incorporará a la base de datos de tipo cartográfico.

Si bien es cierto que con la sola inscripción de los viñedos el organismo nacional puede contar con datos globales sobre la superficie implantada, la realidad marca que el censo permitirá establecer con cifras concretas dónde está parada la vitivinicultura argentina y a partir de allí afinar las estrategias con miras a continuar ganando consumidores en un mercado ultra competitivo como es el del vino.

De acuerdo con lo informado oficialmente, los datos que obtendrá el INV a través del operativo se incorporarán a un sistema de información geográfico que permitirá al organismo conformar mapas con un gran número de variables, como superficie y antigüedad del viñedo, sistemas de conducción, varietales, etc. El personal que visitará los viñedos realizará tres tareas específicas.

La primera es constatar la superficie real implantada. En segundo lugar, verificar las variedades implantadas a través del método ampelográfico que identifica las características de las hojas de la vid, que son diferentes según la variedad. En tercer lugar la geo-referenciación con coordenadas geográficas de ubicación y altitud, un aspecto fundamental para instalar los denominados “vinos de altura”.

Los datos obtenidos pueden ser fundamentales para profundizar la estrategia futura de la industria y fijar los objetivos hacia dónde direccionar las tareas. Hasta el momento es mucho lo que se ha logrado a través del Plan Estratégico Vitivinícola, que se fijó una serie de metas entre 2000 y 2020 y que las alcanzó en los primeros diez años.

Paralelamente y sin que nadie lo estableciera a través de alguna norma legal, la propia industria ha ido concretando estrategias propias. Así entonces, la zona de Luján y Maipú, junto al Valle de Uco, se han volcado por los vinos de media y alta gama; en un plano similar está trabajando un sector de la zona Sur y, fuera de la provincia, también tienen planes propios la zona de Cafayate, en Salta, o los nuevos viñedos de Neuquén.

Pero hay otra zona, la de mayor producción de uvas -la del Este de Mendoza y gran parte de San Juan- que pareciera continuar en el antiguo esquema vitivinícola y no se anima al gran cambio.

Salvo excepciones, valiosas por supuesto, no se ha producido la necesaria incorporación de tecnología en bodegas para mejorar la calidad de los vinos que exige un consumidor cada vez más exigente, cualquiera sea la franja de precios. En ese marco de situación, cada vez se hace más difícil competir con bebidas sustitutas y, por consiguiente, frenar la caída en el consumo.

Los datos que se obtendrán en el censo permitirán conocer con exactitud la realidad de los viñedos y constituye también una oportunidad inmejorable para conformar nuevas estrategias.

Está en la industria saber aprovecharlas pero para que esto se concrete será necesario también que exista la suficiente apertura de aquellos que aún son reacios al cambio y no advierten que en la actualidad el consumidor prioriza la relación calidad-precio en esa amplísima oferta de productos a los que puede acceder.

A esto se debe sumar la necesidad de encontrar la suficiente integración entre productores y bodegueros para asegurar la elaboración de mejores caldos.

Fuente: Los Andes


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