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Vinos para cocinar

No se confunda: no se trata de vinos para echarle a la sopa de cebolla o para hacer un boeuf bourguignon, sino de vinos para beber mientras se cocina. Sí, existe una “especie” de vino destinada a esa noble tarea. ¿Un sauvignon gris? ¿Un pinot? Elija usted. No me refiero a vinos que van en la receta misma -nada de salsas en base a vino- sino que más bien a esas botellas que sirven para acompañar mientras uno cocina, lo que tampoco es, digamos, una categoría establecida científicamente y con criterios claros como lo podría ser, por ejemplo, la categoría de los rosados. Pero por muy poco clara que sea, eso no implica que no sea importante. ¿O me van a negar que mientras una cocina (o ve cocinar) no es fundamental tener una copita a mano? 

Primero, hay que decir que nuevamente estamos ante algo completamente personal, subjetivo, como el vino mismo. El vino con el que ustedes cocinan puede que no tenga nada que ver con el vino con el que me gusta cocinar a mí. Sin embargo, yo sí creo que esa copa debe tener ciertos atributos más o menos precisos para que cumpla su objetivo de acompañarnos mientras revolvemos la olla o cortamos cebolla. 

1.- Nada de complejidades. Independiente del talento culinario de cada cual, cuando uno cocina lo que necesita es concentración o, al menos, que no haya grandes distracciones como las que podría suponer una copa de vino llamativo en complejidad o especial en su carácter. No sería ni justo para el cocinero ni menos para ese vino especial, el cual debiera merecer la atención de todos y no pasar desapercibido ante alguien que corta papas. Vinos varietales, simples, que no hayan costado una fortuna, son los indicados. 

2.- Aperitivo. Un buen compañero para cocinar debiera tener similares -aunque no idénticas- características a las de un vino para el aperitivo. La más importante que ambos vinos debieran compartir es su cualidad para abrir el apetito, para estimular las papilas gustativas; hacer hambre. Por lo tanto, es fundamental que no sea un vino pesado, muy rico en cuerpo o muy generoso en alcohol. Los vinos hechos con cabernet sauvignon o syrah, por ejemplo, que han tenido guarda en barricas no funcionan porque ahí lo que se busca, en el 99 por ciento de los casos, es potencia que se equilibre con la fuerza del plato principal. Lo que necesitamos es algo ligero, que nos despierte la boca. O, como dice una amiga, vinos “glu, glu”.

3.- Partir por los rosados. La verdad es que, a falta de otros referentes más precisos, una buena botella de rosado en el refrigerador siempre es un buen compañero para cocinar, sobre todo cuando comienza a hacer calor. Pero ya que hablamos de refrigerador, yo que ustedes también intentaba con algún malbec varietal o con alguna cepa que se le asemeje, como el merlot por ejemplo, como el Las Niñas Aroma Arándano ($2.890) o un carmenere herbal y suave como el Tamaya varietal ($2.990), una impresionante relación precio-calidad.

4.- ¿Sauvignon gris? Dejando de lado los rosados, también yo pensaría en blancos y, entre ellos, hay una cepa no muy conocida, pero que está dando vinos ricos en Chile: sauvignon gris, una uva que quizás no es tan ácida (tan fresca) como el sauvignon blanc, pero sí tiene una textura suave y unos sabores a frutas tropicales que a mí me gustan. Ahora, vaya yo a saber por qué cada vez que pienso en sauvignon gris, pienso en limpiar camarones de río. Mis favoritos son las versiones de Casa Silva, Leyda (Kadun Vineyard), Casa Marín (Estero Vineyard) y Cousiño Macul. 

5.- Pinot sencillitos. En tintos, la ruta lógica sería irse por el pinot noir, pero el problema es que el pinot es tan re-caro, y cuando es caro, se pone medio pretencioso, le da por buscar complejidad y ahí ya no sirve a nuestros propósitos. Así es que la idea es buscar pinot simples y baratos. No hay muchos. Baratos bajo los $5.000 están el Pionero Morandé ($2.990) y el Viña Mar Reserva ($3.590). Un poco más arriba, pero en el mismo esquema fresco, las versiones Reserva de Cono Sur ($4.490) y Leyda ($4.490) serían también buenos compañeros de cocina. 

 Fuente: El Mercurio


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