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Nuevos Malbec súper frutados para paladares sofisticados, la última apuesta de Krontiras

La pequeña bodega boutique, que aplica conceptos biodinámicos, lanzó sus últimas añadas. Busca seducir al mercado con un Malbec “de verano”, ideal para beber a 10 grados y que sorprende por su acidez marcada y su carga frutal intensa. Un vino con tapa a rosca que va a dar que hablar

 

De cara al verano sofocante que se viene, Bodegas Krontiras, un establecimiento boutique que apuesta por los vinos de alta gama, le buscó la vuelta al Malbec y, además de un clásico rosé, acaba de presentar en el mercado un concepto bastante novedoso para los paladares desprevenidos: el Malbec Fresh, como se lo conoce en el exterior, o Malbec “de verano”, como se denomina en la Argentina.
Es un tinto con todas las de la ley pero, al ser elaborado con uvas cosechadas en momentos distintos a los que se estila para las variedades tradicionales, debe consumirse a una temperatura ubicada entre la de los vinos blancos y los tintos clásicos.

En efecto: mientras que un Chardonnay se aconseja beber a 7° y un Malbec estándar a 16°, este vino, que gana cada vez más adeptos, es ideal para ser consumido a una temperatura de alrededor de 10°.

En diálogo con Vinos & Bodegas iProfesional, Martín Pérez Cambet, gerente Comercial de la bodega de capitales griegos, explicó que “tiene todo el color de un Malbec tradicional pero es mucho más frutal. Además, se destaca por ser un poquito más liviano, tener una acidez importante y un poco más de graduación alcohólica”.

“La idea es que sea ciento por ciento fruta”, resumió acerca de esta etiqueta que acaba de salir al mercado a un valor de $50 y que, por cierto, es bastante difícil de conseguir, dado que se trata de una partida súper exclusiva de 3.500 botellas.

Pérez Cambet destacó que el secreto de este Malbec es que “las uvas se cosecharon en marzo de 2009, un poquito más temprano que el resto, teniendo en cuenta que la época tradicional es a fines de abril. Esto permite obtener granos perfectos”.

 

El otro punto clave es “la mini maceración carbónica que le hacemos, que los hace muy frutados, pero nada pesados. Después, el proceso es como el de un vino tradicional, pero ya parte con una base de aromas mucho más marcada”.

El directivo de Krontiras explicó que “este vino está embotellado desde hace un año. Nuestra idea era ver cómo evolucionaba y la verdad es que cada vez está mejor. A medida que pasa el tiempo la fruta se estabiliza más y va tomando más aromas”.

En este contexto, aseguró que, “por como viene evolucionando, estimamos que alcanzará su plenitud en seis meses, cuando esté terminando el calor en Buenos Aires. Aunque por supuesto que es ideal para ser bebido hoy en día”.

 

Target
En cuanto al público al que apuntan, Pérez Cambet destacó que “está orientado básicamente a las mujeres. Tratamos de no generalizar, pero lo cierto es que aquellas que prefieren una cerveza o un daikiri porque sienten que el vino es demasiado pesado, van a encontrar que esta variedad es ideal para sus paladares”.

Después, “pensamos en los que gustan del vino y quieren tomarlo como aperitivo, a las siete de la tarde o antes de las comidas, pero que encuentran que el calor es una limitante. Es entendible: en esta ciudad tomar un buen vino entre enero y febrero, sin aire acondicionado mediante, se hace muy difícil”.

Corazón mendocino, alma griega
La bodega, ubicada en Luján de Cuyo, Mendoza, fue fundada por Constantinos Krontiras, un empresario que se casó con una argentina llamada Silvina, de ahí que todas las líneas lleven su nombre.

La pareja reparte su tiempo entre la Argentina y Grecia y dejan la producción al cuidado de otro griego: Panos Zoumboulis, un enólogo que acumuló casi tres décadas de experiencia en el Viejo Mundo.

Para tener una muestra un marcado compromiso con la calidad y, en algún punto, que no hay ningún apuro por rotar la producción, basta destacar que recién están terminando de comercializar la añada 2006 del Malbec Reserva, el ícono de la compañía, con un precio de $220.

Según Pérez Cambet, el secreto es que esta actividad no es el principal sostén de los dueños de la bodega, lo que hace viable demorarse un poco más de tiempo que el que se tomaría otra empresa a la hora de sacar un vino al mercado.

“Los primeros años es imposible vivir del vino, porque no dan las cantidades, ni la capacidad comercial. Nosotros preferimos avanzar lentamente, hacernos de un buen nombre y no regalar nuestro producto, como exigen muchos restaurantes”, disparó el directivo.

La bodega elabora unas 20.000 botellas por año y el objetivo, a largo plazo, es llegar a las 150.000. Es decir que el espíritu del proyecto es mantener el concepto boutique.

Uno de los datos destacables es que la bodega cuenta con un certificado orgánico y está por inaugurar uno de los primeros establecimientos con estándares de arquitectura biodinámica del mundo. Se trata de una filosofía que se basa en el cuidado del medio ambiente y la fusión con el entorno.

Sin embargo, Pérez Cambet aseguró que “nunca quisimos hacer mucho ruido con eso o colgarnos marketineramente, porque actualmente el vino verde tiene cierto descrédito”. Sin embargo, sí destacó “el hecho de que hacemos vinos como se hacían antes, sin agroquímicos, y con uvas como las que se usaban hace decenas de años”.

De cara al futuro, además de buscar aumentar el volumen, el directivo adelantó que van a diversificar un poco el portoflio. Para ello, están experimentando con Petit Verdot, elaborando cortes y varietales.

También, tienen una finca orgánica con Tempranillo de 80 años de antigüedad y, además, están testeando diferentes Chardonnay. Siempre, por supuesto, cuidando la calidad desde la uva hasta el etiquetado.

Fuente: Iprofesional


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