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Vinos, viñedos y mercados

Mientras el mercado interno tiene un consumo de 80 por ciento de vinos tintos y 20 por ciento de blancos, los viñedos están conformados por un 50 por ciento de variedades tintas y 50 por ciento de blancas. Es lógico, en ese esquema, que haya un sobrestock de blancos escurridos.

 

La inquietante caída del consumo de los vinos básicos en los últimos años y el no menos preocupante incremento de los stocks de blancos escurridos con miras a la próxima liberación, son las noticias que han ganado las columnas periodísticas de los últimos días.

Como contrapartida y en un hecho auspicioso, se observa un fuerte incremento, tanto en el consumo interno como en las exportaciones, de la variedad emblemática de la Argentina: el malbec.

El tema de la caída de los vinos básicos tiene un condicionante fundamental: de acuerdo con las estadísticas, en 2005 el tetra brick tenía un precio similar al de la cerveza y actualmente lo duplica. El vino se convirtió en la bebida alcohólica con mayor incremento en los precios y, como el bolsillo es considerado una de las vísceras más sensibles para el consumidor, las consecuencias no se hicieron esperar.

En ese marco, la acumulación de stocks de vinos blancos se podía anticipar aún antes de la cosecha. La baja producción de las vides de 2009 provocó que se llegara a la última vendimia con precios altos para el vino de traslado. Hubo paralelamente una retracción en la oferta de los grandes tenedores y esa situación repercutió en los precios. La liberación de los vinos en el mes de junio estabilizó la situación, pero resultará difícil recuperar los puntos de consumo que se perdieron en los últimos tiempos.

Desde el plano positivo, también debe indicarse que en los últimos años hubo un incremento importante en el consumo de vino malbec. Sólo en el mercado interno el malbec creció un 16 por ciento en ventas. Una situación que se repitió -aunque en menor grado- en el resto de los varietales, especialmente en los vinos de más de 9 pesos, que crecieron en ventas un 8 por ciento en volumen, mientras los de menos de ese precio cayeron casi un 12 por ciento. Lo que no hace más que ratificar que el consumidor prioriza esencialmente la relación calidad precio para todo el abanico de vinos que se ofrece al mercado.

Más allá de la situación que marcan los precios, existe una realidad que no puede dejar de considerarse. La cantidad de viñedos y su producción no se condice con el consumo. A modo de ejemplo puede señalarse que, mientras el consumo actual en el mercado interno determina un 80 por ciento de vinos tintos y sólo un 20 por ciento de blancos, los viñedos muestran un porcentaje similar entre variedades tintas y blancas-rosadas (estas dos últimas van destinadas a vinos blancos). Con un agravante, la producción de los viñedos de uvas rosadas es superior a los de las tintas varietales.

No se ha producido tampoco una suficiente diversificación, porque de las 213 mil hectáreas implantadas en el país, 213 mil producen uvas para vinificar, 11.500 para uva en fresco y 3.850 a pasas, mientras la derivación a mosto -por tratarse de un commoditie- está atada a los avatares del mercado internacional.

En los hechos, entonces, los viñedos no responden a la realidad del mercado. Será un tema en el que se deberá trabajar, más aún cuando, al hacer alusión a la misión del Plan Estratégico Vitivinícola se indicaba textualmente que “Argentina será un proveedor altamente competitivo, sus vinos responderán siempre a las necesidades de los consumidores y serán valorados e identificados por su calidad altamente consistente, su diversidad y su naturalidad”.

Fuente: Los Andes


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