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Vinos: preocupa el mercado interno

En los últimos cinco años, la población de la Argentina ha dejado de consumir 200 millones de litros al año. Una tendencia que debe ser revertida.


La situación es compleja y cabría establecer si se trata de un problema coyuntural o si ha pasado a ser estructural. En el primero de los casos, será más fácil de revertir. Si el problema es estructural, la industria deberá abocarse de inmediato a establecer las pautas para modificar el problema.

Los hechos son concretos: hace cinco o seis años, la industria despachaba 1 millón de hectolitros por mes al mercado interno, alcanzando una venta anual de 1.200 millones de litros. Actualmente las ventas totales llegan a los 980 millones de litros al año, lo que determina que en ese corto lapso corto se han “perdido” 200 millones de litros de vino, que han sido ganados por otras bebidas. También a modo de ejemplo puede señalarse que el consumo per cápita, que estaba en ese lapso en los 37 litros, ahora es menor a los 30 litros anuales.

Pero el problema no radica sólo en ese aspecto sino que, aun a pesar de esa fuerte caída en las ventas, el vino actual no alcanza para cubrir la posible demanda, especialmente en los tintos, lo que lleva a preguntarse si la baja en la producción se debe a cuestiones estacionales o si responde a una baja en el cuidado de los viñedos por parte de los productores.

Para muchos, es preocupante lo que sucedió, al menos este año, con San Juan, que bajó sustancialmente su producción. “Es muy factible, porque así lo han hecho conocer, que se haya debido a problemas de accidentes naturales, pero la caída fue demasiado grande”, señaló una de las fuentes consultadas.

La preocupación actual sigue pasando por la comercialización. Los sectores integrados consideran que si bien no habrá una “buena” cosecha, tampoco resultará tan escasa, lo que podría generar que los precios tiendan a nivelarse en un necesario nivel de equilibrio que permita que todos los sectores de la cadena tengan réditos, especialmente en los productores.

También es complicado el panorama para los vinos varietales, especialmente para los de alta rotación. En el caso del malbec la demanda nacional e internacional es creciente mientras en las viñas, por razones climatológicas, su producción se ha visto afectada. “Es una lástima, porque teníamos una gran oportunidad como consecuencia del espacio que van a dejar los vinos chilenos”, dijo un bodeguero.

La preocupación mayor pasa por el hecho de que la suba de precios alcance tal nivel que se pierda competitividad y cuando se alcance una producción completa no haya mercados dónde ubicar los vinos. Esa situación puede producirse tanto en el mercado interno como en el externo y también en el mosto.

Al decir de los dirigentes del sector, en los vinos de alta gama, como generalmente se trabaja con stocks, puede promediarse el precio, pero en los negocios de volumen, en los graneles, en las exportaciones de precios medios y bajos y en el mosto, la situación es peligrosa. “Esto no se va a notar este año, porque habrá menos volumen pero más ingresos, pero cuando la situación se normalice, podemos llegar a pagar las consecuencias”, se indicó.

“Lo que no podemos hacer es no abastecer los mercados, o abastecerlos por encima de las posibilidades”, dijo la fuente, la que agregó que entre los exportadores hay una fuerte preocupación por el retraso del dólar.

“Con una materia prima que ha subido un 100 por ciento en los varietales y con los costos en dólares, la competitividad se nos complica”, destacó. Por ese motivo es que esperaban el retorno del titular del INV -que estuvo en la OIV y en la reunión del Grupo Mundial de Países del Nuevo Mundo- para analizar el tema del color (bajarlo de 450 a 400) y también la posibilidad de adelantar la fecha de liberación, de acuerdo con las circunstancias.

Otro tema es el grado. La cosecha viene atrasada entre 15 y 20 días y, a esta altura del año, es muy difícil que el grado remonte. Esa situación puede favorecer a los grandes acopiadores que tienen en su poder vinos de grado alto.

“Tenemos que comenzar a trabajar hacia futuro, especialmente en lo que hace a la política de stocks. No puede ser que tengamos menos de un mes a la fecha de liberación del año próximo. En la cosecha pasada hubo errores de todas las partes. Tanto de quienes pronosticaron mal, como en quienes decidieron especular, quedándose en plata y no compraron uva, con lo que favorecieron al esquema especulador”, dijo un dirigente, quien agregó que la preocupación es que se haga un ajuste a la clásica: el precio volverá a lo que el consumidor pueda pagar, pero habrá una disminución de despachos tan fuerte que el año que viene, si llega a haber una cosecha “normal”, habrá que volver al salvavidas del mosto.

Precisamente y en el caso del mosto, se supo que San Juan ya prácticamente ha cumplido con el cupo del 20 por ciento -favorecidos por el aporte que realiza el propio gobierno- y que en Mendoza se intentará compensar el menor porcentaje con las exportaciones.

De todos modos, se estima que no se cubrirán más de 75 mil a 80 mil toneladas, muy lejos de las 130 mil que se alcanzaron en los últimos años y que colocaron a la Argentina en el mayor exportador de ese commoditie en el mundo.

El párrafo final para la aparición de la CTA -encabezada por Raquel Blas- en la discusión del precio del tacho de uva. “Creemos que están actuando políticamente y opinando inclusive sobre cuánto debe valer el quintal de uva, cuando se trata de gente que no conoce la industria. Están tratando de romper la negociación y eso es algo inaceptable”, se indicó.

Fuente: Diario Los Andes


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