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Hay que estar a la altura de las nuevas reglas del mercado

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A fines de 2009 llegó la información de que algunas etiquetas argentinas habían sido retiradas del mercado de vinos alemán, tras detectarse restos en niveles no permitidos de una sustancia denominada natamicina.

Es el tipo de novedades que ningún país con una producción importante de vinos quiere tener, en un sector cada vez más competitivo a nivel mundial.

Un puñado de naciones productoras pugnan por ascender un escalón y acaparar un segmento más del millonario volumen de exportaciones. La sustancia en cuestión no significa ningún peligro para la salud del consumidor, incluso se utiliza en la producción de alimentos, pero las autoridades germanas consideran que “no tiene por qué estar” y tomaron la decisión de quitar las marcas de circulación (estaba presente en siete de los 42 vinos auditados). El Instituto Nacional de Vitivinicultura acusó recibo, se puso en contacto con las autoridades de aquel país y decidió adquirir el mismo equipamiento utilizado en Alemania, que es unas 300 veces más sensible que el existente a nivel nacional.

El rastro de la natamicina es complejo de detectar, ya que son “trazas” que pueden provenir de los distintos productos que se utilizan en la elaboración vitivinícola, incluso en algunos países está permitida bajo ciertos límites. Pero, de ahora en más, confía el presidente del INV, Guillermo García, será tema resuelto.

López prefiere dejar de lado ciertas suspicacias sobre la medida (Alemania también es productor de vinos) y asegura que hay que adecuarse a las “nuevas reglas de juego” que impone el mercado. Por eso, pese a que el mercado alemán no es relevante en cifras para el vino argentino (mucho más desarrollado en EEUU, Canadá, Brasil y Reino Unido por citar algunos ejemplos) en vísperas de la Navidad pasada se definió la adquisición de la nueva tecnología, que exigió un desembolso total de alrededor de u$s 500 mil.

Con ese equipo “se puede controlar desde 100 kilómetros lo que pasa en un milímetro”, grafica García. “Antes veíamos lo que pasaba en un metro”. Como sucedió en el mercado de la miel, se espera que la carrera tecnológica no se detenga. Y si bien entre las bodegas ya existen controles que certifican y garantizan la calidad de sus productos, el INV es el último fiscal para decidir si está en condiciones de ser exportado o no. De hecho, ninguna nación compraría vino argentino si no posee el visto bueno del Instituto.

 

Fuente: Diario Uno


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